Villa mediterránea moderna en ladera
La primera lectura del conjunto la marcan la pendiente, los pinos y los grandes vuelos que proyectan sombra sobre las terrazas. En esta villa mediterránea moderna, la casa se adapta al desnivel en lugar de combatirlo: la llegada se resuelve con una escalera junto a la entrada de coche y el primer nivel queda alineado con la calle. Desde ahí, las aberturas, los aleros y la piedra clara empiezan a ordenar la relación entre interior y exterior.
Una casa en pendiente que aprovecha la sombra de los pinos
El terreno vacío estaba cubierto por una masa densa de pinos y por una ladera abierta hacia el horizonte. El proyecto conserva tantos árboles como es posible para mantener la sombra natural que proyectan sobre la parcela. Esa decisión no queda como una nota de fondo: aparece en la forma en que la vivienda se incrusta en el desnivel y en cómo la vegetación acompaña las vistas desde las zonas exteriores. La villa mediterránea moderna se apoya así en el lugar sin borrar su textura original.
La entrada se organiza a partir de un gesto muy claro. La escalera, situada junto al acceso rodado, desciende de inmediato hacia la puerta principal y resuelve el cambio de cota con una secuencia breve. En el nivel superior se sitúan los dormitorios, todos con grandes superficies acristaladas. Para controlar el exceso de sol, esas aberturas se protegen con lamas de madera verticales, que filtran la luz y marcan la fachada con un ritmo fino y repetido.
Planta en L orientada a la vista más abierta
La organización interior se dobla en una planta en L que mira por completo hacia el lado más abierto del solar. Un brazo reúne la cocina y el otro concentra la zona de estar, de modo que ambos volúmenes abrazan las terrazas y dejan una franja exterior protegida frente a las parcelas vecinas. La planta no busca dispersarse; concentra la vida en torno al paisaje y deja que cada estancia tenga una relación precisa con el exterior inmediato.
La cocina ocupa el volumen principal de la L y se acompaña de una isla visible en las imágenes, con taburetes alineados frente al frente de trabajo. Esa disposición permite que la estancia mire hacia el exterior mientras mantiene una circulación limpia entre mesa, encimera y acceso al porche. La zona de estar, en el otro brazo, comparte esa apertura. Entre ambas piezas queda el espacio exacto para que las terrazas con privacidad funcionen como prolongación natural de la vivienda y no como un añadido posterior.
Lamas de madera y control solar en los huecos grandes
En los dormitorios, el vidrio ocupa buena parte del paramento y las lamas de madera aparecen como una segunda piel. Su espaciado deja pasar la luz sin exponer por completo el interior, y el dibujo vertical introduce una escala distinta frente a las líneas horizontales de los vuelos. El efecto es visible tanto desde dentro como desde fuera: la sombra cae en franjas sobre el pavimento y la carpintería queda protegida del sol directo. La protección solar con lamas no se trata aquí como ornamento, sino como parte de la sección de la casa.
Las imágenes muestran también el contraste entre los paños cerrados y los grandes huecos acristalados, que abren vistas largas hacia la ladera y hacia la piscina. En un proyecto así, la transparencia no se deja sola; necesita filtros, profundidad y un borde construido. Por eso las lamas, los vuelos y las cortinas ligeras visibles en el interior trabajan en capas. Cada una regula una intensidad distinta de luz, desde el deslumbramiento exterior hasta la penumbra doméstica.
Terrazas escalonadas hasta la piscina infinity
Las terrazas siguen la pendiente del terreno y se fragmentan en planos sucesivos. No hay una única plataforma continua, sino piezas escalonadas que acompañan el descenso y terminan en la piscina infinity. Ese remate aparece como una línea de agua nítida al fondo de la composición, en diálogo con los muros de contención y con la vegetación que acompaña el perímetro. La secuencia exterior se entiende al andar: cada cambio de nivel abre un ángulo nuevo sobre la casa y sobre la vista.
La zona de piscina refuerza esa lectura horizontal. El agua refleja la luz y alarga visualmente el plano del suelo, mientras los bordes claros y las superficies duras mantienen la geometría bajo control. En las imágenes, la terraza junto al vaso de agua queda conectada con el recorrido principal de la vivienda, de modo que el paso entre descanso, baño y sombra no depende de gestos espectaculares, sino de una distribución muy medida de plataformas, escalones y umbrales.
Aleros horizontales, perforaciones y luz cambiante
La arquitectura se reconoce por su línea baja y extendida. Los aleros horizontales se solapan unos con otros y construyen una secuencia de sombras sobre fachadas, porches y balcones. En algunos puntos aparecen perforaciones en esas piezas, y la luz entra entonces de forma irregular, dejando manchas y tramas más ligeras sobre los planos blancos. El resultado no es uniforme; cambia a lo largo del día y subraya la profundidad de los volúmenes.
Ese juego se aprecia especialmente en el contacto entre el interior y el porche cubierto. La cubierta protege la zona de estar exterior, mientras la piedra natural de los cerramientos introduce una textura más áspera junto al estuco blanco liso. La combinación de materiales se limita a dos registros claros, pero cada uno cumple una función distinta: uno aclara y amplía, el otro ancla la vivienda al terreno y acompaña los muros que resuelven el desnivel.
Estuco blanco y piedra natural en el borde del terreno
La materialidad se construye con pocos elementos, y eso hace que cada uno tenga peso. El estuco blanco, liso y continuo, recorre los volúmenes principales y deja que las sombras de los vuelos dibujen las juntas visuales de la casa. La terraza cubierta de piedra natural y las piezas de piedra más rugosas aportan otra lectura, más ligada al suelo y a la contención de la ladera. Desde fuera, la casa alterna superficies limpias con tramos de piedra que parecen recoger el terreno.
En las imágenes interiores, la cocina mantiene esa misma sobriedad de medios. La isla organiza el centro de la estancia y se relaciona directamente con el porche y con la apertura hacia el exterior. El pavimento claro prolonga la sensación de continuidad entre los distintos niveles, pero son los huecos, la sombra y la posición de cada pieza los que marcan el uso real del espacio. La casa no se apoya en gestos decorativos, sino en una secuencia muy legible de acceso, estancia, terraza y agua.
La presencia de los pinos, la línea de la pendiente y la lectura en L dan al conjunto una claridad poco habitual. La villa mediterránea moderna no se impone sobre el solar; se pliega para abrir vistas, proteger los espacios más expuestos y dejar que la luz entre con distintas intensidades. Desde la calle hasta la piscina, todo gira alrededor de esa relación entre cota, sombra y apertura. Lo que permanece en la memoria es la forma en que los volúmenes blancos, la piedra y la madera encuadran el paisaje sin perder su propia precisión.
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