Villa moderna con fachada trasera totalmente acristalada y vide
La luz entra primero por el cristal del fondo. En esta villa moderna con fachada trasera totalmente acristalada, la casa se giró noventa grados para buscar mejor el sol y el día, y esa decisión ordena todo lo demás: los espacios miran al jardín, la planta se abre hacia atrás y el límite entre estar dentro o fuera queda dibujado por una línea continua de vidrio.
Una planta girada para abrir la vista al jardín
El acceso llega por una parcela retrasada, al fondo de un recorrido largo. Desde ahí, la vivienda no se presenta de frente como una pieza cerrada, sino como un volumen que desplaza su atención hacia el exterior verde. La villa transparente con vistas al jardín convierte la fachada posterior en su principal frente vivido. Cada estancia, ya sea de paso o de estancia, queda orientada a la vegetación y a la luz que rebota sobre el césped y las superficies claras.
Ese giro de noventa grados no es un gesto abstracto. Se percibe en la manera en que el volumen se alinea con el jardín y en cómo la planta deja que las vistas atraviesen la casa. El resultado es una secuencia muy directa: pared, vidrio, terraza y césped. En el exterior, las líneas del conjunto se mantienen limpias, con volúmenes blancos y acentos de ladrillo oscuro que marcan el contraste sin cargar la composición.
La ventana de dos plantas que marca el comedor
En la zona del comedor aparece uno de los elementos más claros del proyecto: una ventana de doble altura en dos plantas, alta y ancha, que prolonga la estancia hacia el jardín. La pieza de vidrio no solo deja entrar más luz; también fija una escala distinta en el interior, porque el espacio se lee de abajo arriba y el paisaje entra en campo visual desde ambos niveles. La mesa queda así acompañada por un plano abierto que no se interrumpe con carpinterías pesadas ni con límites visuales cerrados.
En verano, la entrada de sol se atenúa gracias a los vuelos de las terrazas de la segunda planta. Esa sombra parcial evita que el cristal funcione como una superficie plana y pasiva; cambia a lo largo del día, según la posición del sol. Desde dentro, la fachada acristalada no se siente como un fondo fijo, sino como una piel que regula el paso de la luz y deja ver la profundidad del jardín.
La vide de cinco metros y el mezzanino con sensación boutique
La altura interior se concentra en una vide de unos cinco metros, una cavidad que abre el volumen central y deja que la casa respire en vertical. Esa villa luminosa con vide no se organiza como una suma de plantas aisladas, sino como un espacio continuo donde la mirada sube por el vacío y vuelve a caer hacia la estancia principal. La sensación es casi de nido elevado: recogida, pero abierta a la vez, con una presencia muy marcada de la luz que baja desde arriba.
En ese nivel intermedio se crea un pequeño mundo propio. La mezzanina adquiere un carácter de boutique por la forma en que se dispone el almacenaje y por la altura que la separa de la planta principal. Allí se guardan zapatos y bolsos, pero lo importante es cómo el volumen se aprovecha sin romper la amplitud general. La zona queda suspendida sobre el vacío y se convierte en una pieza muy concreta dentro de la casa, visible desde varias direcciones.
La luz como materia de la estancia
Las lámparas colgantes acompañan la vide y refuerzan la lectura vertical del espacio. No compiten con el vacío; lo subrayan. A su alrededor, los paramentos blancos y el suelo claro hacen que el contraste venga de elementos puntuales: una zona de chimenea y televisión en tono oscuro, una línea de sombra bajo el voladizo, el reflejo del jardín en el vidrio. Son piezas discretas, pero ayudan a que la escala del espacio no se pierda.
También en el interior se aprecia una cocina de acabados sobrios, con armarios blancos y una encimera negra donde la pieza de cocción queda integrada. Esa combinación aparece cerca de la zona de estar y mantiene la casa en una paleta contenida, sin distraer la atención de las aperturas y de los recorridos visuales. El blanco domina, pero no de forma neutra: sirve para devolver mejor la luz que entra desde el jardín y desde la doble altura.
Un ascensor doméstico integrado para vivir en casa toda la vida
Donde termina la escalera también se sitúa el hueco del ascensor. La integración de un ascensor doméstico integrado sin engranajes responde a una idea muy clara: vivir en casa toda la vida. No se trata de añadir una máquina de forma visible, sino de reservarle un lugar lógico dentro de la circulación de la vivienda. El trayecto entre plantas queda resuelto con naturalidad, y eso da al conjunto una lectura muy precisa del uso a largo plazo.
El ascensor acompaña la casa sin imponerse sobre ella. Su presencia se entiende por la continuidad de la circulación vertical y por la relación directa con el núcleo de la escalera. Esa decisión técnica, aunque discreta, afecta a la manera en que se piensa la vivienda: no como una casa cerrada en el tiempo, sino como un lugar preparado para seguir funcionando con el paso de los años, sin renunciar a la claridad espacial ni al contacto con el jardín.
Terraza, césped y piscina rectangular como prolongación del interior
Fuera, la arquitectura se apoya en planos muy limpios. La terraza minimalista con césped aparece como una extensión natural del interior, con superficies pavimentadas amplias y un borde de agua recto que acompaña la longitud de la fachada. La terraza minimalista con césped no busca llenar el jardín de elementos; deja espacio para que la geometría del terreno y del vaso de la piscina ordenen el conjunto. El rectángulo de agua se lee con claridad junto al recorrido de la terraza.
La piscina rectangular y la zona pavimentada consolidan la idea de transparencia que ya aparece dentro. Desde las habitaciones y desde el comedor, el vidrio no se limita a encuadrar una vista decorativa; conduce hacia un exterior que tiene la misma precisión que la casa. El resultado es una relación directa entre materia y paisaje: ladrillo oscuro, volúmenes blancos, vidrio continuo, césped recortado y agua quieta. Todo se apoya en líneas sencillas y en cambios de plano muy medidos.
Un interior claro con un centro más oscuro
En el salón, un mueble oscuro de chimenea y televisión introduce peso visual en medio de tanto blanco. Ese contraste evita que el interior se vuelva uniforme y da un punto de anclaje a la estancia principal. La luz natural entra por los grandes paños acristalados y se desliza sobre las superficies lisas, mientras que los detalles de iluminación empotrada refuerzan la lectura horizontal de los techos y la verticalidad de la vide. El conjunto se entiende por capas: fondo de jardín, plano de vidrio, vida interior y vacío central.
La casa trabaja con pocos materiales, pero los usa con suficiente precisión para que cada uno tenga un papel claro. El vidrio abre, el ladrillo oscuro fija la base, los voladizos proyectan sombra y el vacío interior da escala. Lo que se ve no depende de un exceso de recursos, sino de cómo se colocan las piezas. Por eso la vivienda mantiene una presencia serena y al mismo tiempo muy atenta a la luz que cambia sobre las fachadas y sobre el agua de la piscina.
Texto: Home Sweet Home
Fotos: Nick Cannaerts
Interior en colaboración con QTD Interieurarchitecten
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