Villa moderna junto al agua con mucho vidrio y vistas
El agua marca el recorrido desde el primer paso. Desde fuera, la casa mantiene una presencia cerrada hacia la calle, pero al cruzar la puerta el interior se abre con grandes paños de vidrio, reflejos azules y vistas que atraviesan los espacios. Esa secuencia, de reserva a apertura, define la villa moderna junto al agua con mucho vidrio: una vivienda rodeada por el agua y orientada a una relación constante con el mar.
De la calle cerrada a un interno que se abre de golpe
La privacidad en la fachada hacia la calle se resuelve con un frente compacto, casi murario, que no deja ver lo que ocurre dentro. La sorpresa llega después, al abrir la puerta integrada en ese plano. Aparecen entonces las pasarelas sobre el agua y una transparencia que cambia por completo la lectura de la casa. La luz entra por superficies amplias de vidrio y las visuales se estiran de una estancia a otra, mientras el agua devuelve reflejos en varios puntos y prolonga esa sensación de amplitud.
El contraste no se queda en un gesto inicial. Funciona como una secuencia espacial repetida: calle cerrada, acceso controlado, interior abierto. Los huecos, los planos de vidrio y las líneas rectas hacen que el ojo avance sin obstáculos. En lugar de esconder el recorrido, la arquitectura lo subraya con superficies transparentes y con el brillo cambiante del agua junto a la zona de estar.
Un bloque de agua en el centro de la casa
En el corazón de la vivienda se sitúa un bloque de agua con paredes de vidrio. Las esquinas se resuelven sin estructura de acero, de modo que la masa líquida queda casi suspendida visualmente dentro del conjunto. A su alrededor discurre un canal de agua en el jardín que envuelve la zona de estar en la planta baja y también en la superior. El resultado es una casa que no usa el agua como adorno, sino como una pieza que organiza la planta y el movimiento.
Ese sistema de agua se percibe de formas distintas según el punto de vista. A ras de suelo, el canal acompaña el límite entre interior y exterior. Desde arriba, el conjunto gana otra lectura: el agua rodea, separa y al mismo tiempo conecta. En las imágenes, el vaso de la piscina muestra una superficie clara, con reflejos que intensifican el tono azul, mientras los bordes rectos refuerzan la precisión del trazado.
Paso sobre el agua y vida alrededor de la piscina
Los pasos sobre el agua introducen una pequeña pausa en el recorrido. No funcionan como un gesto decorativo, sino como una manera de cruzar el espacio mirando el reflejo y el fondo azul bajo los pies. Esa vida interior exterior alrededor de la piscina se repite en los puntos donde el cristal abre la sala hacia la terraza y donde el canal acompaña el perímetro de la vivienda. Interior y exterior no se mezclan de forma difusa; se rozan en bordes muy claros, marcados por vidrio, agua y pavimento.
En la escena exterior aparecen también los elementos que fijan la escala doméstica. El pavimento de madera junto al vaso de agua, los volúmenes blancos y la línea de la piscina generan un marco nítido. La casa no busca esconder su relación con el agua. La hace visible desde varios ángulos, tanto en la planta baja como en las zonas superiores.
Una escalera de vidrio que mantiene la vista al mar
El escalera de vidrio con vistas al mar es uno de los puntos más claros del proyecto. La transparencia de la caja de escalera permite mirar a través de ella y encontrar el paisaje marino desde distintos ángulos. La circulación vertical no interrumpe la relación con el exterior; la prolonga. Cada rellano y cada cambio de dirección abren otra ventana sobre el agua y refuerzan la sensación de continuidad visual dentro de la casa.
Las barandillas transparentes y las superficies acristaladas multiplican esa lectura. En las imágenes, el vidrio convive con planos blancos y con algunos detalles metálicos muy discretos, de modo que el recorrido queda definido por la luz más que por el peso de los cerramientos. Desde la escalera, la casa se entiende como una sucesión de planos abiertos y vacíos controlados.
La azotea como remate abierto
Arriba, la casa reserva otro gesto sencillo y preciso: una ducha exterior con vistas. No se presenta como un espacio exuberante, sino como una pieza que aprovecha la altura y el horizonte. La ducha exterior con vistas aparece asociada a la sensación de libertad que ofrece la cubierta, con el mar al fondo y el aire circulando sin obstáculos. Es un final de recorrido muy directo, donde el agua vuelve a aparecer, esta vez como uso y no solo como composición.
La cubierta confirma la lógica del proyecto: dentro y fuera se responden, pero cada zona conserva su carácter. La vivienda mantiene la privacidad desde la calle, abre el interior hacia el mar y usa la altura para añadir otra relación con el paisaje. Todo queda articulado por planos sobrios y por una geometría clara.
Materiales fríos al tacto, piezas cálidas al fondo
El interior combina superficies lisas, de aspecto limpio y casi clínico, con otras de madera y piedra natural en tonos marrón anaranjado. Esa mezcla se aprecia en las zonas de paso, en el mobiliario fijo y en las áreas de estar. Los materiales fríos ordenan la luz y hacen que el blanco y el vidrio tengan más presencia; las piezas cálidas introducen una textura más densa, visible en los encuentros, en los revestimientos y en algunos muebles.
La cocina concentra varias de esas decisiones. Una gran isla hecha a medida en Corian macizo ocupa el centro y funciona como plano de trabajo y como pieza visual. Cerca de ella aparece la chimenea, mientras un puff de cuero integra un televisor plegable. No son elementos aislados: están dispuestos para que la estancia conserve su limpieza formal, pero sin perder referencias táctiles y domésticas en la escala del día a día.
Tecnología discreta y luz que sale por ranuras verticales
Las soluciones técnicas se controlan desde un smartphone o una tablet, sin desplazar el protagonismo de la arquitectura. La iluminación de la fachada sale al exterior por ranuras verticales y por la noche tiñe los planos blancos con una luz cálida y contenida. Desde la calle, ese brillo acompaña el carácter cerrado del volumen; desde dentro, marca la hora en que la casa cambia otra vez de registro.
Todo ello compone una vivienda pensada para permanecer abierta al paisaje y, al mismo tiempo, protegida hacia el acceso. La combinación de vidrio, agua y materiales fríos con madera y piedra natural sostiene esa dualidad sin dramatizarla. Es una casa familiar pensada para el paso del tiempo, pero lo que primero queda en la memoria es la secuencia de reflejos: la piscina, el canal, la escalera y la vista al mar encadenadas en un mismo recorrido.
La lectura final del conjunto se apoya en esos detalles: el frente cerrado hacia la calle, el agua rodeando la zona de estar, el cristal que multiplica las visuales y la iluminación que asoma entre ranuras al anochecer. En conjunto, la villa moderna junto al agua con mucho vidrio se entiende como una pieza donde cada cambio de nivel y cada superficie reflejante alteran la manera de habitar el interior.
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