Villa nueva de ladrillo con tejado de tejas
El ladrillo rojo anaranjado marca el volumen desde el primer vistazo. Sobre él, la cubierta de tejas negras se pliega en varios faldones y dibuja una silueta compuesta, rematada por chimeneas de ladrillo que sobresalen con claridad. En esta villa de ladrillo exterior, la entrada aparece recogida bajo un pequeño vuelo, con carpinterías de madera visibles en el acceso y en los encuentros de la fachada. El conjunto no busca efectos sobrados: deja que el material, la cubierta y las aberturas ordenen la imagen.
La cubierta se quiebra y cambia el perfil de la casa
La primera lectura es la del tejado. No hay una única línea continua, sino varias pendientes que se cruzan y bajan en distintos planos. Esa variación hace que la casa se lea por piezas, con un cuerpo principal más alto y otros tramos que se recogen bajo los faldones. Las tejas negras aportan una textura uniforme en superficie, mientras que las chimeneas de ladrillo introducen una nota vertical sobre la masa de la cubierta. Es una villa moderna tejado de tejas, pero con un perfil que evita la geometría plana y deja ver cada transición.
En la planta baja, el ladrillo continúa como una envolvente constante. El tono rojizo conecta con la cubierta oscura y, entre ambos, aparecen piezas de madera en puertas, marcos y remates. Ese detalle alero ladrillo madera se aprecia en el borde de la cubierta y en los encuentros con la fachada, donde el material más cálido suaviza la línea del vuelo. La vivienda mantiene así una lectura clara de base, cuerpo y coronación, apoyada en tres materiales que se distinguen sin competir entre ellos.
Entrada recogida, con madera en el punto de acceso
La entrada no se presenta como un gran gesto, sino como una zona protegida por el propio volumen. Bajo el vuelo de la cubierta se abre un acceso con puerta de madera y carpinterías oscuras, acompañado por el ladrillo que lo enmarca. Esa pequeña sombra bajo el alero cambia la escala del frente y crea una pausa antes de entrar. En el mismo plano se perciben los bordes de la cubierta, la línea del hueco y el paso del agua por la canalización visible en el remate exterior.
También en este frente se lee con claridad el trabajo de unión entre materiales. El revestimiento de fachada ladrillo madera no se limita a una mezcla decorativa, sino que aparece en puntos concretos: el marco de la entrada, algunos encuentros bajo el alero y los remates de los huecos. La madera introduce un cambio de tacto frente al ladrillo liso y al negro de las tejas, y ese contraste se mantiene controlado. El resultado es sobrio, con una composición que se entiende por cómo se ensamblan las piezas.
La terraza abre la casa con vidrio y estructura vista
En la fachada de terraza con vidrio, la casa cambia de ritmo. Las aberturas son amplias y se leen como paños continuos, con puertas y ventanales que conectan el interior con el exterior sin fragmentar demasiado la elevación. El ladrillo sigue presente como fondo, pero el vidrio toma el protagonismo en esta cara más abierta. Sobre la terraza, el vuelo de la cubierta se sostiene con elementos de madera visibles, lo que deja una estructura legible y evita que el plano superior quede demasiado cerrado.
La relación entre vidrio y ladrillo es aquí más directa. Los grandes huecos marcan la fachada y permiten que la masa del muro se vacíe en puntos precisos, sin perder su presencia. A la vez, el borde del techo aparece apoyado en un sistema de piezas y encuentros que se pueden leer desde fuera. No es una fachada pensada como telón plano, sino como un frente con profundidad: retranqueos, apoyos, marcos y una secuencia de aberturas que responde al uso de la terraza.
Un alero que muestra cómo se resuelven los encuentros
El detalle alero ladrillo madera se ve con más nitidez en la imagen de cerca. Allí, la línea de cubierta deja ver el borde de las tejas, la pieza de remate y el perfil oscuro del alero. Bajo ese borde, la madera aparece como revestimiento y como soporte visual del vuelo, mientras que el ladrillo sigue hasta el encuentro inferior. También se distingue la evacuación del agua, integrada en la franja de remate y visible junto a la línea de fachada. Son piezas pequeñas, pero deciden cómo envejece y se lee el borde de la casa.
Ese mismo fragmento explica bien el carácter del conjunto. La construcción no oculta sus uniones: muestra la junta entre ladrillo y madera, el paso de la cubierta y el perfil de la canalización. Frente a una villa de ladrillo exterior de lectura más cerrada, aquí el interés está en cómo se resuelven los bordes. El acabado del alero, los perfiles negros y la continuidad de las tejas hacen que la cubierta tenga peso propio sin desligarse de los muros.
Chimeneas, huecos y sombras en el volumen principal
Las chimeneas de ladrillo sobresalen con una presencia muy concreta. No decoran; interrumpen la masa de la cubierta y ayudan a fijar la altura de cada faldón. Junto a ellas, los huecos de ventana recortan la fachada en distintas proporciones, desde aperturas más amplias hasta marcos más contenidos. Esa combinación de chimeneas, ventanas y cubiertas inclinadas evita una lectura uniforme. Cada cara de la casa parece responder a una necesidad distinta, pero todas comparten el mismo vocabulario de ladrillo, teja y madera.
Las sombras también forman parte de la composición. Se acumulan bajo el vuelo del tejado, alrededor de la entrada y en los retranqueos de la terraza, donde la profundidad de la estructura se hace visible. El ladrillo, con su tono rojizo, absorbe parte de esa sombra y la hace más blanda que en una superficie lisa o pintada. En cambio, la teja negra y la carpintería oscura fijan los bordes. Así, la casa se entiende no solo por sus materiales, sino por la manera en que cada uno recibe la luz.
En conjunto, la vivienda deja una imagen precisa de su exterior: una villa nueva de ladrillo con tejado de tejas, varias pendientes de cubierta, chimeneas de ladrillo, huecos amplios y detalles de madera en los puntos donde la fachada cambia de plano. La lectura es directa y material. Primero aparece el ladrillo; después, la cubierta; luego, el vidrio y la madera que afinan los encuentros. Es esa secuencia la que sostiene la presencia de la casa en las tres vistas.
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