Villa de techo de paja con líneas rectas
La cubierta de paja dibuja una silueta limpia sobre los muros blancos. Desde la entrada de grava, el volumen se lee con claridad: líneas rectas, vanos altos y un alero que proyecta sombra sobre la fachada. La villa de techo de paja evita cualquier gesto pesado; el remate superior alarga la casa y deja que las carpinterías negras destaquen con precisión. A su alrededor, las franjas de vegetación suavizan el borde del terreno y marcan el paso hacia el acceso principal.
Una volumetría simétrica con presencia serena
La composición parte de una idea sencilla: un cuerpo principal bien ordenado y una cubierta que domina sin imponerse. La villa simétrica se reconoce por la repetición de huecos, por la alineación de las ventanas y por una altura de cornisa que mantiene la fachada en tensión horizontal. En la tercera planta, las pendientes del tejado introducen una variación visible y liberan espacio bajo cubierta. Ese juego entre verticalidad contenida y plano inclinado da al conjunto una lectura precisa, casi dibujada con regla.
El contexto también ayuda a entender el proyecto. La parcela, estrecha, pedía una planta que aprovechara cada metro con lógica. En lugar de fragmentar demasiado las estancias, se eligió una organización tipo loft, abierta y continua, donde las visuales cruzan la casa de un lado a otro. La amplitud no se traduce en exposición total: cuatro puertas pivotantes permiten cerrar piezas concretas cuando hace falta y separar recorridos sin perder la sensación de conexión entre las zonas interiores.
Una planta abierta que todavía sabe cerrarse
Desde dentro, la lectura es la de un espacio enlazado por planos amplios y pasos directos. La planta tipo loft concentra el movimiento y deja que la luz recorra las estancias sin obstáculos innecesarios. Sin embargo, el control de la privacidad está resuelto con una decisión muy concreta: las puertas pivotantes. No aparecen como un recurso decorativo, sino como una pieza de uso diario que organiza el interior y permite aislar una sala, un pasillo o una zona de estancia según la necesidad del momento.
Ese equilibrio entre apertura y resguardo nace ya en el proceso de diseño. La normativa de la parcela era escueta y dio margen para trabajar con libertad casi completa. En vez de imponer un esquema rígido, el proyecto fue adaptando las necesidades de la familia a una casa que combina una imagen exterior contenida con una distribución flexible. El resultado es una villa moderna con techo de paja donde la claridad formal no elimina la intimidad de los espacios.
El borde del tejado como parte del dibujo
Los grandes aleros son una de las piezas que más peso visual aportan. El techo de paja se prolonga con un vuelo de un metro, y esa medida cambia la lectura del conjunto: la cubierta no termina de golpe, sino que protege la fachada y acentúa la línea superior. El borde superior queda casi flotando sobre los paramentos blancos, mientras que las ventanas negras con barrotes ordenan el ritmo de los huecos y refuerzan la sensación de precisión en cada frente.
La materialidad alterna superficies lisas y texturas más ricas. La fachada de madera horizontal aparece junto al revestimiento blanco, y esa combinación introduce una escala más doméstica dentro de la composición general. A ras de suelo, el zócalo de piedra natural, los umbrales y la franja de spekband añaden peso en la base. No se trata de acumulación, sino de capas que atan la casa al terreno y hacen más legible la transición entre muro, suelo y cubierta.
Ventanas negras, madera horizontal y piedra en la base
Las ventanas negras funcionan casi como líneas de dibujo sobre la envolvente clara. Sus montantes y barrotes dan profundidad a las aberturas y enmarcan vistas desde el interior hacia la grava, las plantas y el borde de la terraza. La fachada de madera horizontal introduce una dirección clara, distinta del trazo vertical que suele asociarse a una cubierta de paja. Aquí, en cambio, el sentido de las tablas acompaña la longitud del volumen y ordena el conjunto con calma.
La piedra en el zócalo y en los umbrales evita que la casa repose directamente sobre la vegetación o sobre la grava de acceso. Ese pequeño cambio de material crea una base nítida, visible tanto en la fachada principal como en los laterales. En las imágenes se aprecia cómo el blanco, el negro y el tono más áspero del pavimento trabajan juntos sin competir. La casa gana presencia por contraste, no por exceso de elementos.
La entrada de grava y el borde ajardinado
La entrada de grava dibuja una transición lenta antes de llegar a la casa. El terreno no se resuelve con una explanada neutra, sino con una superficie mineral que deja ver el trazado del acceso y el encuentro con los parterres. A los lados, la vegetación organiza el borde y acompaña la llegada, mientras la cubierta de paja se mantiene visible por encima del frente. El efecto es claro: primero se lee el volumen, después el recorrido y, al final, el umbral.
En los exteriores laterales y de terraza, la vivienda abre huecos amplios hacia una zona pavimentada en tono claro. Los grandes ventanales permiten que la fachada se desplace hacia el jardín sin perder definición. La continuidad entre interior y exterior se percibe en el umbral bajo, en la amplitud de las aperturas y en el modo en que la luz rebota sobre la piedra y el pavimento. El rastro del alero, siempre visible, hace de sombra superior y ordena el borde del espacio exterior.
Un volumen limpio visto desde distintos ángulos
Desde el frente, la villa de techo de paja se presenta compacta y muy legible. Desde el lado, el volumen se alarga y deja ver mejor la relación entre el cuerpo principal, la cubierta y los huecos. En ambos casos, el proyecto se apoya en la misma lógica: una forma sobria, grandes ventanales y una atención precisa a los remates. La proporción entre superficie blanca, carpintería oscura y cubierta vegetal es lo que sostiene toda la imagen.
Lo más interesante está en la manera en que cada detalle refuerza la lectura general. La simetría no vuelve rígida la casa; los aleros altos no pesan sobre la fachada; las puertas pivotantes no interrumpen el orden interior. Todo encaja en una secuencia de decisiones concretas que se reconocen en las fotos: grava, piedra, madera, blanco y negro, con la cubierta de paja como pieza principal. Es una villa moderna con techo de paja que apuesta por la claridad del perfil y por una materialidad bien ajustada al volumen.
Entre la fachada frontal, el lateral y la terraza, la casa va mostrando distintas escalas de un mismo lenguaje. Los grandes ventanales abren el interior hacia el exterior, mientras el alero y la base pétrea sujetan la composición. La presencia del jardín, las franjas de grava y la carpintería negra terminan de definir un proyecto donde cada elemento tiene una función visible en la imagen final. La cubierta de paja no queda como ornamento: organiza la silueta y fija la identidad de toda la villa.
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