Villa con tejado de paja, jardín con piscina y cocina exterior
La cubierta de paja marca la silueta desde el primer vistazo, pero lo que fija la mirada es el contraste de la composición: muros blancos, paños oscuros y grandes aberturas acristaladas. En esta villa con tejado de paja, el volumen exterior mezcla líneas rectas con una presencia doméstica más clásica, sin perder claridad en los remates ni en la lectura de las plantas. El conjunto se abre hacia el jardín con una secuencia de vidrio, terrazas y zonas verdes bien trazadas.
Una entrada amplia con mármol y una escalera protagonista
El acceso interior arranca con una entrada generosa, revestida con un piso de mármol que refleja la luz y acompaña el recorrido hacia la escalera. Las paredes claras dejan respirar el espacio, mientras los peldaños suben con un trazo limpio hacia la primera planta. No hay exceso de gesto: el vestíbulo se apoya en el material y en la proporción, con un ritmo sereno que prepara el paso hacia las estancias principales. Desde aquí, la casa ya deja ver su gusto por las superficies nobles y las líneas precisas.
Salón con chimenea y una pared de almacenaje discreta
El salón se organiza alrededor de la chimenea, encajada en una pared sobria donde los armarios empotrados mantienen despejada la estancia. La llama introduce una nota más doméstica en un espacio de líneas rectas, y el efecto no depende de grandes gestos decorativos, sino de la relación entre huecos, fondo y escala. La luz entra a través de los grandes paños de vidrio y dibuja el contorno del mobiliario. En lugar de saturar la sala, la distribución deja espacio para circular y para mirar hacia el jardín.
Una transición clara entre interior y exterior
Los cerramientos amplios suavizan el límite entre la vivienda y la zona exterior. Desde el salón se perciben el césped, las franjas de pavimento y la vegetación ordenada, que marcan un trazado limpio hacia la piscina. Esa continuidad visual refuerza la lectura de la casa, donde cada estancia encuentra una salida lógica al jardín. La arquitectura no se impone sobre el entorno; lo encuadra con huecos grandes, marcos finos y una sucesión de materiales que pasa del mármol al verde sin brusquedad.
Cocina con isla de piedra y barra para sentarse
La cocina concentra una de las piezas más vistosas de la casa: una cocina con isla de piedra, rematada por una superficie de aspecto marmóreo que capta la luz de las luminarias colgantes. Los muebles oscuros dibujan una base sólida, y las nisas abiertas en la pared aportan profundidad sin romper el orden general. La barra junto a la isla permite una relación directa entre preparación y encuentro, mientras los electrodomésticos integrados mantienen la imagen limpia. Aquí, el material pesa más que el adorno; la cocina se lee por planos, juntas y volúmenes.
Acabados oscuros, piedra clara y luz dirigida
El contraste entre los frentes oscuros y la piedra clara organiza la estancia con mucha precisión. Sobre el plano de trabajo, la textura mineral del revestimiento recoge el brillo de las lámparas y subraya la horizontalidad de la isla. También se aprecia una apertura visual hacia la vivienda, con muebles altos que enmarcan la zona técnica y dejan libres las partes donde se cocina y se come. Esa distribución hace que la cocina funcione como centro de uso, pero sin perder la calma en el plano visual.
Cuatro dormitorios y baños propios en la planta superior
En la primera planta se repiten cuatro dormitorios de generosa escala, y cada uno cuenta con su propio baño. La organización evita los pasillos sobrantes y concede a cada habitación una relación directa con su espacio privado. En la master bedroom, el baño ensuite introduce una bañera exenta y una ducha a ras de suelo, dos piezas que se leen con claridad en la composición. No se recurre a efectos recargados: la atención está en el trazado, en la luz y en la forma en que los elementos se separan para dejar respirar el conjunto.
Un jardín con piscina y una veranda pensada para el uso diario
El jardín con piscina extiende la casa hacia una zona exterior muy ordenada, con césped, bordes definidos y una relación directa con la veranda. La piscina aporta una lámina de agua que contrasta con el verde y con las superficies duras del entorno inmediato. A un lado, la gran veranda con cocina exterior crea un espacio cubierto para comer y reunirse sin depender del interior. El resultado no busca dramatismo; se apoya en un trazado claro, en la continuidad de los materiales y en una lectura cómoda del terreno.
La fachada blanca, los paños oscuros y la cubierta de paja
Vista desde fuera, la villa moderna blanco y negro resuelve su presencia con una mezcla de volúmenes blancos, paneles oscuros de madera vertical y grandes ventanales. La cubierta de paja remata el conjunto y suaviza la línea superior del edificio, mientras algunos cuerpos sobresalientes aportan profundidad a la masa construida. Ese juego entre base clara y acentos oscuros se repite en varios frentes y ayuda a que la casa no se lea como un bloque cerrado, sino como una suma de piezas bien proporcionadas. La imagen exterior deja claro que el proyecto trabaja tanto la escala de la vivienda como la relación con el jardín.
Los detalles de la cocina, la presencia de la chimenea y la secuencia de salida hacia el exterior sostienen la personalidad de esta villa con tejado de paja. La casa se entiende por sus materiales visibles: mármol, piedra, vidrio, madera oscura y la cubierta de paja. Cada uno ocupa un lugar preciso. En la entrada, en el salón, en la cocina y en el jardín, esa elección material guía la experiencia sin necesidad de forzarla. Lo que queda es una vivienda amplia, bien resuelta en planta y muy atenta a cómo entra la luz sobre cada superficie.
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