Villa en el borde del bosque con despacho en casa y tres volúmenes con tejados a dos aguas
La villa en el borde del bosque se coloca entre los árboles que se han conservado en la parcela. Esa decisión marca todo el proyecto: el programa no invade el terreno, sino que se desliza entre los troncos más valiosos. La casa con despacho aparece así como una pieza repartida en tres partes, con huecos, materiales y cubiertas que responden a la presencia de las copas.
El programa se acomoda entre los árboles
La primera imagen no es la de un volumen cerrado, sino la de una casa que acepta la trama del lugar. Los árboles existentes ordenan la implantación y dejan vacíos donde se apoyan las distintas partes de la vivienda. Esa relación con el terreno se nota en el exterior sombreado, en la grava del acceso y en los cambios de pavimento que acompañan el recorrido. La arquitectura no se impone sobre la masa vegetal; trabaja con ella, dejando que la sombra de las ramas siga leyendo la parcela.
En esa composición, la villa en el borde del bosque contiene también el trabajo doméstico. La zona de oficina forma parte del conjunto, pero no se presenta como un añadido aislado. El orden del programa se reparte en piezas reconocibles, y cada una encuentra su lugar entre los árboles. Ese gesto reduce la escala perceptiva de la vivienda: aun cuando el programa es mayor de lo que parece, la división en volúmenes hace que la masa construida se lea con más ligereza.
Tres volúmenes, tres funciones
El cuerpo principal se resuelve en tres volúmenes, cada uno con su propia función. Esa decisión organiza la casa con claridad y, al mismo tiempo, evita un bloque único y pesado. Desde el exterior se distinguen los cambios de ritmo entre las piezas, y esa lectura fragmentada ayuda a entender cómo se reparte el uso interior sin necesidad de mostrarlo todo de una vez. La vivienda gana precisión en sus proporciones y deja que cada parte tenga su propia presencia.
La separación entre las masas construidas se nota en las juntas, en el cambio de cubierta y en la forma en que los huecos se abren hacia la luz. Hay un juego de llenos y vacíos que acompaña la escala doméstica y la hace más legible. No se trata de dividir por dividir, sino de dar a cada pieza un papel claro dentro de la casa. Esa lógica se aprecia especialmente cuando la fachada cambia de plano y la sombra subraya los límites entre un volumen y otro.
Una casa que se lee por partes
Vista de cerca, la división en tres volúmenes también ordena la fachada. Los paños de ladrillo, los marcos acristalados y los elementos de madera se distribuyen con una cadencia que evita una superficie continua. Cada módulo parece responder a una necesidad concreta, y el conjunto mantiene una escala doméstica pese a su programa. Ese efecto no depende de la decoración, sino de la manera en que la arquitectura se fragmenta y vuelve a ensamblarse frente al bosque.
Los vanos rectangulares y las piezas verticales de la fachada introducen una lectura pausada. En algunas zonas el vidrio toma protagonismo; en otras, la masa del ladrillo amarillo-gris domina y fija la base del conjunto. Entre ambos, los acentos de madera suavizan el paso de un volumen a otro. El resultado es una casa que se entiende por capas: estructura, huecos, cubierta y sombra.
Un paisaje de cubiertas a dos aguas
Cada uno de los tres volúmenes lleva su propio techo a dos aguas, y esa repetición no produce monotonía. Al contrario, la suma de cubiertas construye un paisaje de tejados con perfiles ligeramente distintos que se leen juntos bajo la línea de los árboles. Desde cierta distancia, la vivienda parece compuesta por varios cuerpos que se acercan y se separan, siempre rematados por pendientes claras y por tejas oscuras que recortan el volumen contra el cielo.
El interés está en la relación entre las cubiertas, no solo en cada una por separado. Los aleros profundos proyectan sombra sobre las terrazas y protegen los huecos inferiores, mientras las pendientes del tejado marcan el ritmo de la silueta. Esa combinación de planos inclinados y volúmenes escalonados da a la casa una presencia reconocible sin convertirla en una pieza cerrada. El conjunto se ve desde el exterior como una secuencia de techos que dialogan con los troncos altos del entorno.
Materiales que asumen la sombra del bosque
La paleta se apoya en ladrillo amarillo-gris y hormigón, con tejas oscuras y acentos de madera. Son materiales que funcionan bien bajo la sombra de los árboles porque captan la luz de forma distinta a lo largo del día. El ladrillo fija la base visual de la casa; el hormigón aporta una lectura más sobria en los planos estructurales; la madera introduce una nota más cálida en puntos concretos, sin romper la continuidad del conjunto.
En las imágenes, el ladrillo aparece con una textura que recoge la luz de manera irregular, mientras que el vidrio abre franjas más claras en la composición. Esa mezcla evita que la vivienda se vea cerrada. Los paños acristalados, de formato amplio y rectangular, dejan entrever la relación entre interior y exterior, y los elementos de madera suavizan los encuentros entre materiales. El acento de madera y vidrio se percibe justamente en esas transiciones, no como adorno, sino como parte del orden constructivo.
Terraza, aleros y vida exterior
La terraza con alero aparece protegida por voladizos profundos que extienden la cubierta sobre el espacio exterior. Ese gesto permite que la vida al aire libre se sitúe junto a la fachada, sobre pavimentos de grava y superficies duras que conectan con la casa sin hacerla pesada. La terraza no busca protagonismo por sí sola; queda integrada en la secuencia de muros, aperturas y sombras que rodea la vivienda.
Las grandes cristaleras refuerzan esa relación con el exterior. Desde el nivel del suelo, los huecos rectangulares y las franjas acristaladas abren vistas hacia el jardín y hacia la masa de árboles. La vivienda se muestra en capas: piedra, ladrillo, madera, vidrio y teja. En conjunto, la villa en el borde del bosque traduce el programa en tres cuerpos claros, protegidos por sus techo a dos aguas y asentados en una parcela donde los árboles siguen teniendo el papel principal.
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