Conversión de capilla en vivienda: vigas de madera visibles y apertura hacia el jardín
Las vigas de madera visibles marcan el primer gesto de esta conversión de capilla en vivienda. Al retirar el antiguo techo, el interior recupera la estructura original y el volumen de la antigua sala de culto sigue leyendo con claridad, sin perder altura ni presencia. El blanco liso de los paramentos hace que la madera sobresalga con más precisión, y esa mezcla de vacío y estructura sostiene toda la intervención.
El volumen original se mantiene, pero cambia el modo de habitarlo
La antigua capilla se transforma en una casa a partir de una decisión simple y muy visible: dejar a la vista la armadura de madera. Esa operación abre el espacio y, al mismo tiempo, evita que el interior se cierre sobre sí mismo. La gran sala conserva su escala generosa, mientras que en la planta superior un bloque central añade superficie útil sin romper la lectura del conjunto. La casa gana estancia, pero sigue sintiéndose anclada en su origen.
En las fotografías, la luz cae sobre paredes blancas, juntas limpias y un techo que ya no intenta ocultar nada. La estructura aparece como parte del ambiente cotidiano, no como un gesto decorativo. Ese cambio también ordena la percepción del espacio: la mirada sube hacia las cerchas y vuelve a bajar hacia los huecos, el mobiliario y la circulación. La conversión de capilla en casa se construye así, desde la proporción y desde la altura.
Una planta alta que aprovecha el vacío central
El nuevo volumen en la planta superior se sitúa con discreción en el centro. No invade el perímetro ni borra la geometría de la sala principal. En lugar de multiplicar particiones, concentra parte del uso arriba y deja que el espacio principal siga respirando. Esa estrategia permite leer la antigua capilla como un gran contenedor interior, ahora adaptado a una vida doméstica donde la sección del edificio importa tanto como la planta.
La imagen del interior también muestra una escalera y una pared oscura que contrastan con el resto de las superficies claras. Ese contraste refuerza la sensación de profundidad y hace visible el desnivel entre niveles. La intervención no busca disimular la transformación; la expone mediante piezas concretas, desde la carpintería visible hasta la relación entre la zona inferior y el nivel alto. En una conversión de capilla en vivienda, ese tipo de claridad espacial pesa más que cualquier gesto ornamental.
Vigas, arcos y una lectura limpia del interior
Las aberturas curvas aparecen como otra constante del proyecto. Los arcos enmarcan las vistas y suavizan el encuentro entre el interior blanco y la vegetación exterior. No son un recurso aislado, sino una continuación lógica de la envolvente histórica. En una de las estancias, la ventana curva hacia el jardín deja entrar un encuadre preciso de verde y cielo, mientras que en otras imágenes los huecos arqueados acompañan la profundidad de la sala y de los recorridos interiores.
También en el comedor, la madera vista toma protagonismo sobre una mesa larga y unas sillas tapizadas en tonos neutros. La composición es serena, pero no neutra: el techo inclinado, la viga oscura y el volumen limpio de las paredes construyen una secuencia muy legible. La conversión de capilla en casa se percibe aquí como un ajuste entre lo antiguo y lo nuevo, entre la masa del edificio y la escala doméstica de la vida diaria.
La apertura trasera convierte la relación con el jardín
Uno de los cambios más claros está en la parte posterior. Una gran apertura acristalada conecta la zona de estar con el exterior y convierte el límite entre casa y jardín en un plano mucho más abierto. La sala deja de terminar en un muro cerrado y pasa a prolongarse hacia la terraza, donde el pavimento duro y la vegetación del fondo completan la escena. Desde dentro, la profundidad exterior se lee casi como una estancia más.
La parte trasera se trata, además, como una excepción dentro del conjunto. La superficie no monumental se entiende como un lugar donde intervenir con mayor libertad, y la nueva composición la convierte en una pieza pulida de piedra. Ese cambio da peso visual a la ampliación sin competir con el valor histórico del resto. La gran apertura acristalada no solo aporta luz; también ordena la forma en que la casa se apoya sobre el jardín y define un recorrido claro entre estar, umbral y exterior.
Una ventana curva hacia el jardín y una fachada posterior de piedra
Vistas desde fuera, las aperturas arqueadas y los paños de vidrio muestran cómo se ha trabajado la parte posterior como un plano articulado. La ventana curva hacia el jardín introduce una geometría casi ceremonial, mientras que las piezas acristaladas mayores abren el interior hacia la terraza sin perder control visual. En el exterior, el ladrillo convive con la carpintería oscura y con la nueva superficie pétrea, más lisa y cerrada, que actúa como contrapunto al resto del volumen.
Ese contraste entre piedra, ladrillo, vidrio y madera da al conjunto una lectura muy precisa. No se trata de borrar la capilla, sino de ajustar su función con intervenciones legibles. La conversión de capilla en vivienda mantiene el gesto alto del espacio original, incorpora una planta superior útil y remata la parte posterior con una relación directa al jardín. El resultado no depende de efectos espectaculares, sino de decisiones materiales que se reconocen desde el primer vistazo.
En la cocina, los volúmenes oscuros y las superficies rectas continúan el mismo lenguaje sobrio. La encimera se apoya sobre un fondo claro y, al lado, las aberturas permiten que la luz rebote sobre las paredes blancas. El conjunto no busca esconder la estructura histórica; la acompaña con piezas actuales que respetan la escala del lugar. En esta conversión de capilla en vivienda, la casa se entiende mejor cuando el techo, los huecos y el jardín se leen en una misma secuencia.
La fuerza del proyecto está en esa secuencia. Primero aparece la madera descubierta, después la amplitud de la sala, más tarde la nueva planta alta y, al final, la gran apertura hacia el exterior. Cada decisión modifica el uso del edificio sin borrar su memoria. Por eso la conversión de capilla en casa resulta tan clara a la vista: conserva el gran volumen, introduce espacio útil arriba y convierte la relación con el jardín en parte central de la vida interior.
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