Renovación de casa con interior a medida: separación de vidrio e iluminación indirecta
La primera lectura está en la escalera: un volumen escultórico, casi monolítico, que marca el tono de toda la renovación casa. A partir de ahí, el interior avanza por capas. Zócalos, antepechos, puertas y muebles fijos repiten una misma lógica de plano, junta y profundidad. El resultado no depende de gestos decorativos, sino de cómo se construyen las transiciones entre piedra, madera y vidrio dentro de una casa que antes no estaba pensada para habitarse.
De cascarón a vivienda: una distribución que se hace por niveles
El punto de partida era un edificio monumental entregado en bruto, con una gran estancia de unos 100 m². La operación más visible fue partir esa pieza única en dos ámbitos mediante una cota elevada. Allí se instaló el salón, y la subida resuelve algo más que la organización del plano: acerca la línea de visión a las ventanas, que estaban colocadas demasiado arriba para una estancia doméstica convencional. Desde el sofá, el hueco exterior queda alineado con la mirada y la sala gana una relación más directa con la calle.
La intervención no introduce compartimentos cerrados de manera arbitraria. Trabaja con cambios de nivel, espesores y recorridos cortos. La parte elevada toma la misma gramática que la escalera, por lo que el suelo no aparece como un simple soporte, sino como otra pieza arquitectónica. Ese recurso ordena la sala de estar y permite leer el conjunto como una secuencia precisa, donde cada paso modifica la percepción de altura, distancia y uso.
La separación de vidrio entre estar y comedor
Entre la zona de estar y el comedor aparecen puertas de vidrio diseñadas a medida para el encargo. No actúan como un cierre pesado; dejan pasar la luz y mantienen visible la profundidad de la planta, pero introducen un límite claro entre usos. El vidrio se suma a la carpintería fija y a las molduras para reforzar la idea de capas. En vez de cortar la casa, la fragmenta con transparencia.
Junto a esa pieza aparecen otras puertas hechas específicamente para el proyecto, entre ellas unas puertas de roble de casi cuatro metros de altura. Su escala cambia la lectura del pasillo y del acceso a las estancias contiguas. Al ser tan altas, no funcionan como un detalle secundario: se convierten en planos verticales que pesan tanto como un muro y, al mismo tiempo, mantienen la precisión de una carpintería hecha al milímetro. La renovación villa se apoya precisamente en esa mezcla de escala y exactitud.
Plintos, antepechos y una misma línea visual
La arquitectura interior repite una misma respuesta en varios puntos: plintos, antepechos y bordes de la escalera comparten un lenguaje de capas superpuestas. Esa continuidad evita que cada elemento compita por atención. Lo importante es la relación entre ellos, visible en el remate de las superficies y en la forma en que los volúmenes se apoyan unos sobre otros. Incluso cuando la paleta es sobria, el dibujo de juntas y encuentros mantiene el espacio activo.
La cocina como pieza central
La cocina se plantea como un objeto autónomo dentro de la casa. Un bloque de piedra conecta la barra y la isla, y ese gesto concentra el peso visual del espacio. Frente a la piedra, los armarios altos de madera oscura introducen una masa vertical más cerrada, casi silenciosa. La combinación no busca parecer ligera; busca organizar el plano y alojar funciones sin dispersarlas. Por eso aparecen una zona de café oculta, una vinoteca y una isla de cocción integradas en el mismo conjunto.
Detrás de los frentes oscuros se esconde también la despensa, accesible mediante una puerta giratoria. Ese movimiento rompe la idea de frente fijo y añade una capa inesperada a la cocina. La superficie de trabajo, el bloque pétreo y el almacenamiento quedan vinculados por la misma secuencia, de modo que la cocina se lee como un sistema completo y no como una suma de piezas sueltas. En una página de cocina moderna a medida, ese tipo de integración define la imagen.
Madera oscura, piedra y huecos ocultos
La carpintería no se limita a contener electrodomésticos. Resuelve vacíos, disimula accesos y marca la profundidad de los armarios empotrados. Entre los frentes cerrados aparecen huecos técnicos y funciones ocultas que solo se revelan al acercarse. La piedra aporta una masa continua en la parte baja, mientras la madera absorbe el resto del programa. Es una cocina construida desde el orden de los almacenajes, no desde el objeto aislado.
Muebles a medida que ordenan el fondo de la estancia
En toda la casa aparecen piezas fijas pensadas para sostener el uso diario sin imponerse como mobiliario suelto. Un mueble de pared a medida reúne compartimentos abiertos y cerrados, y deja ver una composición de nichos, módulos y vacíos verticales. Esa misma lógica se repite en los armarios empotrados, que prolongan la arquitectura en lugar de interrumpirla. La iluminación indirecta recorre el techo y algunos encuentros de pared, y hace legibles las profundidades de cada plano al caer la tarde.
La sensación de continuidad no procede de repetir materiales sin más, sino de ajustar cada pieza a su lugar exacto. Las superficies de madera clara en el salón, las zonas más oscuras de la cocina y las franjas de vidrio dibujan un recorrido donde la luz cambia de comportamiento en cada tramo. En unos puntos rebota sobre los frentes lacados; en otros, se hunde en la piedra o queda filtrada por las puertas transparentes. Esa variación mantiene viva la lectura del interior.
Un detalle de escalera led que organiza todo el conjunto
La escalera vuelve a aparecer al final como el elemento que resume la casa. Su forma escalonada, su presencia casi tallada y la línea de luz integrada en los encuentros le dan un papel central en la circulación. El detalle de escalera led no se usa como adorno, sino como una forma de subrayar bordes, peldaños y cambios de plano. Vista de cerca, la pieza enlaza con los zócalos y los antepechos; vista en conjunto, fija la pauta del proyecto.
En la zona de baño, la misma atención al material se traduce en superficies de aspecto pétreo, un mueble de madera, un espejo amplio y una ducha con cerramiento de vidrio. El espacio no se separa del resto por un lenguaje distinto, sino por una versión más contenida del mismo criterio. Así, la casa mantiene una lectura unitaria sin perder contraste entre lo abierto, lo cerrado y lo que queda medio oculto tras una puerta o un panel.
armarios empotrados, vidrio, piedra y luz indirecta sostienen la identidad del proyecto sin necesidad de grandes efectos. Lo que queda después de recorrerlo es la secuencia: subir, cruzar, abrir, ocultar. Cada gesto está medido para que la casa, antes entregada en bruto, funcione ahora como una vivienda completa, donde la carpintería y los cambios de nivel hacen el trabajo principal.
Fotografía: Patrick Meis
Colaboradores: iluminación, mobiliario e instalaciones sanitarias
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