Techo de lamas eléctrico conectado a la zona de piscina
Las lamas de madera marcan el techo desde el primer vistazo. Debajo, la luz lineal recorre la estructura y dibuja una franja continua sobre la terraza. El conjunto se abre hacia la piscina y se apoya en paños de vidrio con marcos negros, de modo que la cubierta no queda aislada del resto del jardín. Aquí, el techo lamas eléctrico no actúa como un añadido, sino como la pieza que ordena el paso entre la zona de estar y el área de la piscina.
Una cubierta que responde al sol y a la lluvia
El techo de lamas eléctrico permite regular la entrada de luz y la ventilación con un gesto sencillo. Cuando cambia el tiempo, el sistema se cierra y la terraza queda protegida de la lluvia. Esa posibilidad de cerrar en caso de lluvia cambia el uso del espacio, porque la mesa, los asientos y la franja junto al agua no dependen por completo del clima. La pérgola techo de lamas mantiene la relación con el exterior, pero introduce una capa de control visible en el propio techo.
También aparecen calefactores integrados en la cubierta, colocados para prolongar el uso de la estancia exterior sin alterar la limpieza del conjunto. No ocupan protagonismo; se leen como parte de la instalación, igual que los perfiles oscuros y las superficies de vidrio. La calefacción en terraza cubierta se integra así en una estructura que ya está pensada para abrirse, cerrarse y seguir vinculada al jardín. El resultado es una pieza técnica, pero con una presencia muy controlada.
Madera, vidrio y una línea de luz que acompaña la noche
La secuencia de listones de madera aporta ritmo al techo y deja que la iluminación lineal terraza marque el contorno de la cubierta. De día, esa línea apenas se impone; al anochecer, define el borde del espacio y hace legible la estructura sobre el pavimento. El contraste entre la madera cálida, el vidrio y los marcos negros refuerza la lectura del volumen, sin recurrir a elementos decorativos innecesarios. Todo se apoya en superficies claras y en un trazado preciso.
El acabado del suelo, con piezas de piedra o baldosa alrededor de la piscina, prolonga la plataforma exterior hacia la zona de estar. No hay cambios bruscos entre un ámbito y otro, sino un desplazamiento medido desde el borde del agua hasta la mesa y el asiento. En esa transición, la cubierta mantiene la escala del espacio y evita que la terraza se perciba como un recinto cerrado. Las paredes de vidrio zona de piscina permiten ver el interior del conjunto y seguir la relación entre los distintos niveles.
La conexión con el poolhouse se lee en las transparencias
La unión entre la cubierta y el poolhouse se resuelve con paños acristalados y una estructura que comparte la misma lógica de líneas rectas. Las superficies transparentes dejan ver la continuidad entre la lounge y la piscina, mientras los pilares oscuros enmarcan el espacio sin endurecerlo. Esa lectura visual es importante: la pérgola techo de lamas no compite con el poolhouse, sino que prolonga su presencia hacia la terraza y organiza el entorno inmediato.
La vista atraviesa el vidrio y encuentra el agua, las zonas de paso y el mobiliario exterior. Esa profundidad le da peso al proyecto, porque cada plano cumple una función clara dentro de la composición. El techo lamas eléctrico aparece entonces como una pieza de control climático y, a la vez, como un elemento que ordena el recorrido entre el interior del poolhouse y el exterior abierto. La estructura no rompe el paisaje doméstico; lo enlaza con una secuencia de umbrales.
Un borde nítido entre terraza y piscina
La plataforma de la terraza se resuelve con una geometría limpia y un encuentro preciso con el vaso de la piscina. El cambio de nivel es leve, pero suficiente para separar la zona de estar del borde acuático. Esa diferencia se percibe en las losas, en la línea del vidrio y en la forma en que la luz cae sobre el pavimento. La cubierta, al proyectarse sobre ese borde, da al espacio una profundidad que se aprecia tanto desde dentro como desde fuera.
En conjunto, la cubierta trabaja con materiales sobrios y gestos muy visibles: madera arriba, vidrio en los laterales, piedra en el suelo y luz en el perímetro. Ese orden evita que la zona exterior se disperse en piezas sueltas. Cada parte ocupa su sitio, desde la línea de luz hasta el cierre en caso de lluvia. Por eso el techo lamas eléctrico no se entiende solo como protección, sino como la estructura que hace legible toda la zona de piscina.
Un exterior pensado para seguir usándose al caer la tarde
Cuando la luz baja, la cubierta cambia de lectura. La iluminación lineal terraza recorta el techo, los marcos negros quedan en sombra y la madera gana presencia bajo el resplandor artificial. Es en ese momento cuando la estancia exterior muestra mejor su función: no depende de una única condición de uso, sino que admite distintas situaciones a lo largo del día. Los calefactores integrados refuerzan esa continuidad sin alterar la limpieza del espacio ni añadir elementos sueltos a la vista.
La disposición de la terraza, con el agua al lado y el poolhouse conectado por la misma envolvente, da al proyecto una relación directa con el entorno de piscina. No hay sobrecarga material ni soluciones llamativas. Hay una cubierta que abre, cierra y regula, un techo de lamas de madera que se reconoce por su textura, y un sistema de vidrio que mantiene el campo visual despejado. Esa combinación es la que hace que el conjunto funcione como una única secuencia exterior.
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