Poolhouse con techo de paja y fachada de vidrio
El techo de paja marca la silueta desde lejos. Debajo, un volumen rectangular y una cubierta de pendiente suave dejan que el conjunto se lea con calma, sin recurrir a gestos innecesarios. Al acercarse, la línea asimétrica del lucernario introduce un quiebre preciso en esa forma contenida. Ese mismo trazo reaparece en el interior, donde los paneles tapizados incorporan franjas de bronce y llevan la atención hacia una sala pensada para el uso diario junto al agua.
Una forma sencilla que gana precisión en los detalles
La primera lectura del poolhouse es la de una pieza compacta, casi elemental. Sin embargo, el borde del techo y la geometría del lucernario cambian esa impresión inicial. El proyecto trabaja con líneas que no buscan imponerse, sino ordenar el volumen y abrirlo hacia el entorno inmediato. En las imágenes, el agua del vaso refleja la construcción y refuerza esa relación directa entre la arquitectura y la lámina del estanque.
Ese diálogo con la piscina continúa en el suelo. Las baldosas se prolongan hasta el borde del agua y hacen que el plano exterior no se rompa antes de tiempo. La terraza gris acompaña esa continuidad, mientras la gran apertura acristalada permite que el interior se extienda visualmente hasta el jardín. La lectura es clara: el poolhouse con techo de paja no se entiende como una pieza aislada, sino como una estancia que se apoya en el agua y en el pavimento para definir su uso.
La gran apertura acristalada como punto de giro
La fachada de vidrio junto a la piscina cambia por completo la manera de habitar el espacio. Cuando la hoja se abre, la transición entre dentro y fuera desaparece casi por completo; cuando está cerrada, la transparencia sigue manteniendo la relación con la terraza y con las vistas verdes del entorno. En una de las imágenes, la carpintería de gran formato se extiende de lado a lado y ordena la fachada con una cadencia vertical muy marcada.
Esta apertura no solo introduce luz. También organiza el recorrido interior. La chimenea, situada en el eje visual, aparece como un punto de anclaje frente al vidrio, mientras el suelo continuo mantiene la lectura de un mismo plano. El resultado es un poolhouse interior exterior que funciona a partir de una secuencia muy simple: agua, pavimento, vidrio y estancia. Cada elemento empuja al siguiente sin cortes bruscos.
Paneles tapizados, bronce y una línea que se repite
En el interior, la forma del lucernario no se queda en la cubierta. Su perfil asimétrico se traslada a las franjas de bronce que recorren los paneles tapizados. Ese eco entre exterior e interior da cohesión al espacio sin necesidad de subrayados. Los paneles cumplen una función doble, descrita en la documentación del proyecto: reducen el sonido y aportan una sensación de mayor recogimiento. Más que decorar, recubren y absorben una parte del movimiento del lugar.
La materialidad acompaña esa intención. La madera aparece en planos amplios, los tonos oscuros dominan muros y piezas fijas, y la piedra natural se reserva para remates, encimeras y detalles de uso. No hay una acumulación de efectos, sino una secuencia de superficies que alternan textura, brillo contenido y zonas mate. En ese conjunto, el interior con madera y piedra natural sostiene la atmósfera general del poolhouse sin perder claridad.
Un interior amplio para permanecer, no solo para pasar
La distribución se percibe juguetona, con piezas que no bloquean el paso y una disposición que deja espacio a varios usos al mismo tiempo. El mobiliario se integra con la arquitectura en lugar de competir con ella. Hay una lectura doméstica del lujo, más cercana a una sala de estar que a un pabellón auxiliar. La presencia de la chimenea, visible en varias imágenes, refuerza esa idea de estancia prolongada, aunque el agua esté a pocos metros y el exterior siga entrando por los paños de vidrio.
El plano del suelo ayuda a fijar esa sensación. Las baldosas grises se repiten dentro y fuera, y ese gesto prolonga la estancia hasta el borde de la piscina. El ojo no encuentra una separación tajante entre la sala y la terraza. Por eso el proyecto trabaja tan bien como poolhouse: no se limita a acompañar el jardín, sino que construye un espacio habitable con su propia lógica, apoyada en materiales lisos, en la apertura total y en la vista continua hacia el agua.
La chimenea como centro visual de la estancia
La chimenea aparece encajada en un marco negro, con una pantalla de vidrio que deja ver la llama y, al mismo tiempo, ordena el conjunto. A su alrededor, la piedra oscura y la madera hacen más legible la zona de estar. No es un elemento aislado, sino una pieza que define la dirección de la mirada desde varios puntos del interior. En las fotografías, el fuego se relaciona con las superficies lisas del suelo y con los reflejos del cristal, creando una secuencia muy directa de materiales.
Ese foco de calor visual encaja con el carácter del proyecto, descrito como rico y cómodo en la información de base. La comodidad aquí no se expresa con blandura, sino con una disposición clara de bancos, paneles y apoyos que invitan a quedarse. El fuego, la madera y los paños oscuros hacen que el espacio gane profundidad. Al mismo tiempo, la transparencia lateral mantiene siempre presente la piscina y evita que la sala se cierre sobre sí misma.
Un baño reducido a lo esencial
El baño no compite con el resto del poolhouse, pero aporta un cierre nítido al recorrido. La imagen muestra un espejo redondo, una pila en piedra negra y una pared oscura con juntas finas. Son pocos elementos, pero suficientes para prolongar el lenguaje material del interior principal. La piedra natural vuelve a aparecer aquí con otra escala, más precisa y más doméstica, mientras el círculo del espejo suaviza la geometría recta del resto.
En conjunto, el proyecto se apoya en una idea muy concreta: una forma exterior sobria, un interno con capas de madera, piedra y tapicería, y una apertura total hacia la piscina. Esa combinación convierte el poolhouse con techo de paja en una estancia donde el pavimento llega al agua, el vidrio abre el frente y la chimenea mantiene el centro del espacio. Todo está pensado para que la arquitectura trabaje con el entorno inmediato, no aparte de él.
Materiales que sostienen la lectura del conjunto
El lenguaje del proyecto se entiende mejor cuando se leen juntos sus materiales. La cubierta de paja suaviza la línea superior del volumen rectangular. El vidrio amplía la relación con el exterior. La madera aporta plano y dirección. La piedra natural fija bordes, encimeras y piezas de uso. Y los paneles tapizados con franjas de bronce introducen una segunda capa de textura que enlaza con la geometría de la cubierta. No hay una lista ornamental, sino una construcción de planos que se responden entre sí.
Por eso el poolhouse funciona como una pieza completa, tanto desde la piscina como desde dentro. El reflejo en el agua, las baldosas que llegan hasta el borde, la abertura acristalada y la chimenea componen una secuencia fácil de leer. El proyecto no necesita exceso para hacerse presente: bastan la línea del techo, el brillo del vidrio y la densidad de la madera para fijar su carácter.
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