Oficina de jardín anexo con espacio de trabajo, cocina y baño
La oficina de jardín anexo abre con ladrillo visto, paños de madera y carpinterías oscuras que enmarcan grandes superficies de vidrio. La pieza se lee como un volumen de trabajo completo, no como un simple despacho aislado. La luz entra desde el frente y desde la parte posterior, donde la zona de trabajo se apoya en una relación directa con el exterior. El resultado es un espacio que permite recibir clientes o trabajar desde casa con una distribución clara y una presencia material muy precisa.
Ladrillo, madera y una silueta de anexo con garaje
En la parte delantera, el volumen incorpora un anexo con garaje que se integra en el conjunto sin romper su lectura. Los muros de ladrillo le dan peso visual, mientras que la cubierta a dos aguas y las tejas cerámicas marcan una silueta reconocible desde el acceso. Junto al ladrillo aparecen zonas de madera que suavizan el conjunto y conectan con la pieza principal. No hay un gesto decorativo gratuito: cada material cumple una función y, al mismo tiempo, ordena la fachada.
Las aperturas acristaladas introducen un contraste directo con la masa de obra. Donde el ladrillo cierra, el vidrio abre. Las carpinterías oscuras subrayan ese cambio y dibujan franjas limpias en la envolvente. En el frente se percibe también el carácter práctico del garaje, útil para coches, bicicletas o material de trabajo, pero resuelto con el mismo lenguaje que el resto del edificio. Esa continuidad hace que el conjunto mantenga una imagen serena, aunque esté pensado para usos distintos.
Una lectura clara desde el acceso
Desde fuera, el edificio deja ver una secuencia muy legible: volumen principal, huecos amplios y una base de fábrica que ancla todo al terreno. Las piezas de madera no buscan destacar por separado; acompañan al ladrillo y a las juntas visibles, y refuerzan la sensación de un anexo construido con capas sencillas. La combinación de materiales también prepara el interior, donde la luz y la estructura de madera ganan protagonismo desde el primer paso.
Espacio de trabajo al fondo, abierto a la luz
La oficina de jardín con espacio de trabajo se sitúa en la parte posterior del edificio. Allí, la pared alterna ladrillo y madera técnica, una solución que da espesor visual sin volver pesado el ambiente. Las grandes puertas plegables de aluminio permiten abrir la estancia por completo, de modo que el límite entre interior y jardín se vuelve flexible. Cuando están cerradas, el vidrio multiplica la entrada de luz; cuando se abren, el espacio de trabajo se prolonga hacia el paisaje rural.
La planta interior responde a un uso diario real. Hay sitio para trabajar con concentración y también para atender visitas. El mobiliario no compite con la arquitectura: el protagonismo lo tienen el plano claro de las paredes, la continuidad del suelo y la estructura vista en el techo. Esa organización evita rincones muertos y deja que la estancia respire, algo importante en un anexo que combina tarea profesional y vida doméstica en un mismo lugar.
Puertas plegables y relación directa con el exterior
Las grandes puertas de vidrio plegables no son solo una apertura visual. Mueven el uso de la estancia. Con un gesto, el interior se transforma en un espacio más amplio y ventilado; con otro, vuelve a cerrarse para concentrar el trabajo. La vista hacia el entorno rural sigue presente en ambos casos. Esa capacidad de pasar de un modo a otro da sentido a la oficina de jardín con grandes ventanales, donde el paisaje no se decora: se incorpora a la experiencia cotidiana.
Vigas de madera a la vista en un interno de líneas limpias
Dentro, el techo muestra vigas de madera a la vista y elementos estructurales que ordenan la estancia de forma muy directa. Sobre ese armazón, el estuco claro refleja la luz y deja que la textura de la madera siga siendo legible. La combinación funciona sin recargar el ambiente. Se ve en los encuentros entre pared y techo, en los cambios de plano y en el modo en que las piezas de madera marcan el ritmo de la sala. Nada distrae de la estructura; al contrario, la hace más evidente.
La zona interior mezcla trabajo y estancia con una distribución abierta. Hay un escritorio, un área de apoyo y espacio suficiente para moverse sin fragmentar la pieza. El suelo de tono claro mantiene la continuidad visual y ayuda a que los elementos de madera destaquen sin estridencia. Esa decisión resulta especialmente útil en una oficina de jardín con espacio de trabajo que necesita funcionar durante todo el día, con luz cambiante y con usos que no siempre son los mismos.
Cocina y baño como parte del uso diario
La presencia de una oficina de jardín con cocina convierte el anexo en un espacio más autónomo. El bloque blanco de la cocina se acompaña de armarios altos en madera y de una encimera con aspecto de piedra, lo que introduce contraste entre superficies lisas y veta visible. No se trata de una cocina protagonista, sino de una pieza integrada en la rutina del lugar. Su posición permite resolver pausas, café o almuerzo sin salir del edificio ni interrumpir el trabajo.
El baño aparece como una función complementaria, pero bien resuelta. En la zona húmeda se combinan azulejos claros, un mueble de lavabo con frente de madera y un nicho que organiza el inodoro y la ducha o el área de lavado. Esa secuencia mantiene el tono del interior: materiales sencillos, luz clara y detalles medidos. La oficina de jardín con baño gana así independencia operativa, algo clave cuando el programa reúne trabajo, recepción y estancia prolongada.
El interior como un anexo completo
En conjunto, el proyecto no se limita a un puesto de trabajo aislado. La cocina, el baño y el garaje forman parte de una misma lógica espacial, donde cada función ocupa su sitio sin romper la lectura del volumen. Se percibe en las transiciones entre la sala principal y las piezas auxiliares, en la forma en que el ladrillo sigue presente, y en cómo la madera aparece tanto fuera como dentro. Esa continuidad material da unidad al anexo y explica por qué puede funcionar como oficina de jardín anexo durante todo el año.
También hay un componente doméstico que se advierte en los detalles: las superficies claras, la luz rasante sobre las vigas, la mesa de trabajo junto a los ventanales y la conexión inmediata con el exterior. El espacio no depende de un único punto de vista. Cambia según la zona desde la que se mire. Desde la fachada se aprecia su masa y su orden; desde dentro, pesan más la entrada de luz, el ritmo de la estructura y la relación entre las piezas auxiliares y la estancia principal.
Fotografía – Gerben Vat
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