Jardín wellness moderno con jacuzzi exterior
Las losas grises y el tramo de grava marcan desde el primer vistazo un jardín wellness pensado por zonas. El recorrido cambia de ritmo en cada giro: un plano de hormigón para sentarse, un escalón amplio para salvar el desnivel, una franja de grava con piezas de paso y, al fondo, una esquina reservada al descanso. La lectura es clara. Cada material ocupa su lugar y ayuda a ordenar un espacio exterior que se vive como una secuencia de estancias.
Un jardín moderno dividido en estancias
La zonificación del jardín es aquí el verdadero punto de partida. No hay un único centro, sino varios puntos de uso: una zona de estar, un comedor exterior, un área de paso y el conjunto wellness con jacuzzi y ducha exterior. Esa división permite usar el jardín de manera distinta según la hora del día. En la parte trasera aparece una zona de descanso más recogida, mientras que el comedor se abre sobre una superficie amplia, con la mesa colocada donde la sombra resulta más útil.
El trazado recto refuerza esa lectura. Las líneas de las terrazas, los bordes de hormigón y los parterres elevados dibujan un jardín moderno sin perder la presencia de las plantas. Los vacíos se alternan con masas vegetales y la transición entre ambos no es blanda, sino precisa: un borde, un cambio de material o un pequeño desnivel bastan para cambiar de ambiente. Ese gesto convierte la parcela en una sucesión de piezas legibles, no en un único plano continuo.
Pavimento de hormigón y cambios de cota
La terraza de hormigón sostiene gran parte de la composición. En el área de descanso, las piezas de 60 x 60 cm se prolongan hasta el borde y dejan una pequeña salida que hace que la plataforma parezca flotar sobre la base inferior. Ese detalle, casi imperceptible desde lejos, da ligereza a una superficie que en realidad resuelve mucho: asiento, circulación y transición entre niveles. Al mismo tiempo, la escala de las losas mantiene el conjunto sereno y bien proporcionado.
Los escalones de hormigón de 100 x 40 x 20 cm introducen el jardín con desniveles sin dramatismo. Son piezas amplias, de arista limpia, que permiten pasar de una cota a otra con una lectura muy directa. Más que dividir, articulan. La diferencia de nivel también hace que las zonas se perciban desde ángulos distintos, algo que se nota especialmente al mirar el jardín desde la vivienda: el terreno no se lee como una superficie plana, sino como una serie de plataformas conectadas por pasos breves.
Grava, piezas de paso y bordes marcados
La grava con piedras de paso aparece en los tramos donde el jardín necesita ligereza visual. Entre las franjas minerales, las piezas colocadas a tresbolillo funcionan como apoyo y como ritmo. No forman una línea rígida; se desplazan levemente y, por eso, el paso se vuelve más natural. A su lado, los bordes de hormigón mantienen el trazado limpio y evitan que la grava se disperse. El resultado es una secuencia de superficies fáciles de leer: duro, suelto, duro otra vez.
En el jardín también se usa un recorrido de grandes piezas de 100 x 100 cm junto a la zona de jacuzzi. Su formato amplio da continuidad al camino y permite que la mirada avance sin interrupciones. Esa banda mineral tiene un carácter más sobrio que el resto, casi como una pasarela que enlaza la parte social con la parte reservada. Sobre ella, la luz cae sin demasiados reflejos, y eso ayuda a que el conjunto no se sienta pesado, pese a la presencia dominante del pavimento.
La zona wellness, protegida de las miradas
El jacuzzi exterior y la ducha se colocan fuera de la línea de visión de los vecinos. Esa decisión no depende de un cerramiento cerrado, sino de la posición de los elementos, de los muros elevados y de las plantaciones que rodean el conjunto. La privacidad en el jardín se resuelve con una suma de capas: altura, vegetación y orientación. Así, la zona wellness no queda escondida por completo, pero sí protegida de la exposición directa.
La bañera exterior se apoya sobre una estructura de madera en una plataforma elevada, con un borde de hormigón que la enmarca. Ese contraste entre madera y mineral da cuerpo al rincón wellness y lo separa visualmente del resto del jardín. La ducha exterior sigue la misma lógica: está situada para que el uso resulte cómodo, pero sin abrir una vista directa hacia el exterior. Aquí la privacidad no es un añadido, sino una parte visible del diseño.
Muros, altura y plantación como filtro
Las jardineras elevadas de hormigón juegan un papel clave en esa protección. Sus volúmenes recogen tierra, elevan la vegetación y crean una barrera baja que no corta el jardín, pero sí filtra la vista. Entre ellas aparecen gramíneas, vivaces de flor y ejemplares de encina, una mezcla que mueve el borde sin convertirlo en un fondo rígido. El conjunto funciona porque las plantas no se limitan a decorar; también fijan límites y ayudan a ordenar la zona de agua.
En el plano general, el verde nunca desplaza al pavimento, pero sí le da escala. Las masas vegetales suavizan la presencia de la grava y acompañan las líneas rectas de las losas. Se reconocen especies como la gaura, la nepeta y la persicaria, que aportan volumen ligero entre bloques minerales más pesados. Esa mezcla evita que el jardín parezca duro. El contraste entre hojas, tallos y superficies grises mantiene vivo el recorrido sin recurrir a gestos excesivos.
Un comedor exterior bajo tres pérgolas
La pergola sobre el comedor organiza una de las zonas más usadas del proyecto. Tres pérgolas alineadas recogen la mesa grande y la sitúan bajo una secuencia de sombras cortas y repetidas. No se trata solo de cubrir, sino de definir un lugar reconocible dentro del jardín. La cubierta y las pérgolas comparten altura, y ese ajuste hace que la composición se lea de una sola vez, como si el espacio estuviera pensado con una misma regla de proporción.
En esa zona, la mesa se coloca sobre un pavimento claro que refleja la luz sin deslumbrar. A su alrededor, el paso queda libre y el comedor se relaciona con el resto del jardín sin cerrarse sobre sí mismo. La madera de las piezas laterales y la estructura abierta de las pérgolas introducen una nota más cálida, pero sin romper la claridad de la retícula. El espacio resulta útil a distintas horas porque la sombra se reparte con precisión y la mesa no compite con la circulación.
Lo que une todo el proyecto es la forma de combinar materiales con medidas muy distintas. El hormigón marca los límites, la grava aligera los bordes, la madera introduce una textura más blanda y las plantaciones hacen de puente entre unos planos y otros. No hay un solo gesto dominante. Hay cambios de cota, terrazas escalonadas, piezas de gran formato y pequeños apoyos vegetales que llevan la mirada de una zona a otra. Así se construye este jardín wellness: a base de recorridos claros, rincones protegidos y superficies que se leen con facilidad.
Desde la plataforma del jacuzzi hasta el comedor cubierto por las pérgolas, el jardín se mueve entre usos distintos sin perder precisión. La zona de estar recibe el día con un plano amplio; el área wellness se reserva más al fondo; los pasos de grava conectan ambos extremos con una cadencia más lenta. Todo queda definido por líneas rectas, bordes bien resueltos y una plantación que no tapa la arquitectura del espacio, sino que la acompaña.
Fotografía: Robert Koelewijn
Diseño de jardín: Taco Nas tuinontwerp
Ejecución: Hoveniersbedrijf van Spreuwel
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