Bungaló moderno independiente con patio y terraza elevada
La terraza elevada marca la primera lectura de este bungaló moderno con patio: un plano blanco, ligeramente suspendido sobre el terreno, y una secuencia de vidrio y madera que recorre la vivienda. La casa se resuelve toda en una planta, con una fachada más cerrada hacia la calle y una apertura clara hacia el jardín. Ese contraste organiza la parcela desde el inicio y deja que la luz entre por el patio y los grandes ventanales del lado posterior.
Una implantación que aprovecha la parcela de 3.000 m²
La vivienda se sitúa hacia una esquina baja de la parcela, de unos 3.000 m², y esa posición libera espacio para una entrada de vehículos y un volumen auxiliar junto al bungaló. El resto del perímetro queda orientado al jardín, con vistas abiertas desde varios lados. En lugar de ocupar el centro del terreno, la casa se desplaza y deja respirar el entorno inmediato, algo que se percibe tanto desde la explanada de acceso como desde la zona exterior posterior.
La composición exterior refuerza esa idea de pieza colocada con precisión. Los paños blancos de estuco se combinan con revestimiento de madera en la fachada y carpinterías oscuras, mientras que las franjas de grava recortan el contorno del volumen. La lectura no es pesada. El zócalo, el borde de la terraza y las superficies vidriadas trabajan juntos para definir una casa baja, tendida, que mantiene su relación visual con el jardín sin perder una presencia clara.
La plataforma elevada y el borde de estuco que la rodea
El suelo de la vivienda se eleva aproximadamente 0,5 metros sobre el nivel del terreno. Ese pequeño desnivel mejora la vista sobre la parcela y sitúa la estancia principal en una cota ligeramente más alta que el jardín. Desde fuera, la decisión se lee como una plataforma limpia, con pavimento gris y líneas rectas, rodeada por bandas de grava que marcan el encuentro con la vegetación y con la tierra.
La elevación permite dibujar un remate de estuco que parece quedar suspendido sobre el jardín, según la propia descripción del proyecto. No se trata de un gesto ornamental, sino de una forma de encuadrar el programa doméstico. Dentro de ese marco aparece la fachada de madera vertical, con listones que ordenan las partes más cerradas y acompañan las carpinterías. El conjunto funciona como una composición de planos, no como una suma de elementos sueltos.
Estuco, madera y vidrio en una misma lectura
La imagen exterior se construye con tres materiales que se alternan sin competir entre sí: estuco blanco, madera y vidrio. En las fotos, la madera aparece como revestimiento de fachada en sentido vertical, a veces como lamas estrechas junto a los huecos, a veces como paños más amplios que recogen la luz. El vidrio abre la vivienda hacia la terraza y deja ver la relación directa entre la sala, la cocina y el exterior inmediato.
Los grandes ventanales refuerzan la horizontalidad de la casa. La línea de cubierta sobresale y protege parte de la zona exterior, mientras que el patio y la terraza elevan la experiencia del acceso al jardín. En algunos puntos, el contraste entre el blanco de los muros y el tono cálido de la madera es muy nítido; en otros, la carpintería oscura recorta el hueco y afina la transición entre cerramiento y apertura.
El patio como pieza de luz entre cocina y sala
En el centro de la vida diaria aparece un patio amplio que introduce aire y claridad en la gran cocina con isla. La apertura no se entiende como un simple hueco, sino como una pausa dentro del programa que ordena las vistas y deja entrar una luz más controlada. Desde la cocina se percibe el exterior de forma directa, con una relación muy corta entre la encimera, el pavimento y la carpintería acristalada.
La cocina se muestra con mobiliario de madera y una encimera de piedra, elementos que en las imágenes refuerzan el carácter material del interior. La isla de cocina ocupa el centro de la estancia y fija el uso principal del espacio. No hay exceso de piezas ni una acumulación decorativa. Lo que domina es la geometría: planos rectos, una apertura generosa hacia el patio y una continuidad visual que conecta el interior con la terraza elevada.
La sala de estar, detrás del patio
Detrás del patio se sitúa la sala de estar, descrita como amplia pero recogida. Esa condición se entiende bien en el plano: después de la apertura, el espacio se vuelve más contenido y gana una escala más doméstica. La sala se beneficia de la misma relación con el exterior, aunque con un tono más resguardado, gracias a la posición del patio como filtro entre las distintas zonas de la vivienda.
La transición entre cocina, patio y salón es especialmente clara en esta casa en una planta. Todo sucede en un solo nivel, sin escalones interiores que fragmenten la circulación. Esa continuidad hace que la vida interior-exterior no dependa de grandes cambios de cota, sino de la colocación de los huecos, de la apertura del patio y de la forma en que la terraza elevada prolonga el uso doméstico hacia el jardín.
Una casa baja que abre sus lados al jardín
La fachada que mira a la calle se mantiene más cerrada, mientras que las otras caras se abren al jardín y al paisaje inmediato de la parcela. Esa diferencia de tratamiento da sentido al conjunto: hacia fuera, la vivienda protege su interior; hacia dentro, permite una relación constante con el terreno. En las imágenes, ese gesto se expresa mediante superficies blancas, huecos profundos y bandas de madera vertical que acompañan la composición.
La casa no depende de un único frente representativo. Su lectura cambia según el punto de vista, y ahí está parte de su interés. Desde la terraza se ven los ventanales y la continuidad del pavimento; desde el exterior, destacan la plataforma elevada, la grava y los listones de madera; desde dentro, el patio organiza la luz. Todo el proyecto se sostiene sobre ese intercambio entre cerramiento y apertura, entre borde y vista.
Materiales visibles y detalles que ordenan el conjunto
La fachada de madera vertical aparece como un recurso de composición, pero también como una forma de dar ritmo a los paños más largos. Junto a ella, el estuco blanco unifica los volúmenes principales y deja que la carpintería marque los cortes. El resultado es sobrio en el mejor sentido: pocos materiales, bien colocados, con cambios de textura que se aprecian en el borde de la terraza, en los encuentros con el vidrio y en las franjas de grava junto al perímetro.
En el exterior, la terraza elevada se convierte en una prolongación útil de la planta baja. Sus losas rectangulares, las juntas marcadas y la relación con el jardín refuerzan la idea de plataforma. En el interior, la cocina con isla y la sala junto al patio muestran una manera directa de habitar la casa: comer, reunirse y abrirse al exterior desde un mismo nivel, con la madera, el vidrio y el estuco trazando la estructura visible del proyecto.
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