Casa flotante con atrio
La luz entra desde arriba y recorre un atrio de tres niveles que organiza toda la casa flotante. Desde ese vacío central se leen las escaleras, las aperturas entre plantas y la secuencia de espacios que se abren hacia el agua. El techo inclinado en diagonal no solo define la silueta; también amplía el uso interior y libera una terraza en la parte superior. En esta vivienda flotante, cada decisión de planta se siente ligada a un recorrido corto y preciso.
Un atrio que reparte la luz y los recorridos
La casa con atrio trabaja con relaciones visuales claras. Las estancias no quedan cerradas unas frente a otras, sino enlazadas alrededor de un espacio central que atraviesa varias alturas. Ese vacío hace que la arquitectura interior se lea en movimiento: una escalera blanca, barandillas ligeras y huecos abiertos hacia otras plantas. Desde distintos puntos aparecen vistas cruzadas, y el agua vuelve a entrar en la escena a través de grandes paños de vidrio. La casa flotante se entiende así desde dentro, por la forma en que conecta luz, altura y dirección.
El atrio no actúa como simple estancia de paso. Recoge la circulación y la reparte con una secuencia muy contenida, casi doméstica en su escala. La conexión en split level hacia la loggia, situada justo por encima del nivel del agua, introduce un cambio de cota que marca la transición entre interior y exterior. Ese pequeño desplazamiento da profundidad a la planta y permite que la vivienda flotante cambie de perspectiva con cada tramo de escaleras. La mirada nunca se queda fija.
El techo inclinado que ordena la planta
El techo inclinado aparece desde fuera como una línea oblicua, pero su papel real está en el interior. Al inclinarse en diagonal, libera superficie útil donde más conviene y resuelve una terraza vinculada a la misma geometría. No es un gesto gratuito. En esta casa flotante, la cubierta inclina la sección y al mismo tiempo ajusta el reparto de alturas, con una presencia clara en la arquitectura interior. El volumen resulta compacto, pero dentro se percibe abierto gracias a esa forma de trabajar el plano superior.
También la fachada negra, con su ritmo de perfiles verticales y grandes superficies acristaladas, deja ver cómo se sostiene la relación entre lleno y vacío. La madera, el vidrio y los planos oscuros construyen una lectura sobria del volumen. Desde el exterior se intuye el atrio; desde dentro, la luz confirma la lógica del conjunto. El techo inclinado no se limita a dibujar la casa flotante: ayuda a que la vivienda flotante gane espacio usable sin perder claridad en la planta.
Terraza en split level junto al agua
La loggia en split level queda apenas por encima del agua y da a la casa una salida más baja, más próxima al movimiento del entorno. El suelo de madera, la barandilla de vidrio y el borde abierto de la pasarela forman una transición muy concreta entre el interior y la superficie del canal. Aquí la arquitectura interior no termina en el cristal; continúa en el umbral. El resultado es una terraza en split level que no se comporta como balcón decorativo, sino como extensión directa del recorrido doméstico.
En la planta superior, la zona de estar se abre a una terraza semiceñada que recoge la luz y filtra el viento. Ese espacio exterior tiene sombra, pero también continuidad visual con el interior. Desde allí, la vivienda flotante se proyecta hacia el agua con un control muy claro de las aperturas. La relación entre la casa flotante y su entorno se vuelve más precisa cuando el suelo cambia de acabado y el borde del forjado se hace visible. La casa se apoya en ese diálogo de madera, vidrio y reflejos.
Interiores claros, madera y pasos cortos
Dentro, el blanco domina paredes, techos y muchas de las superficies fijas, mientras la madera introduce textura en suelos, bancos y armarios integrados. La combinación no busca efecto decorativo; ayuda a que el atrio respire y a que las aberturas se lean sin ruido. En la cocina, los lucernarios y la luz lateral dejan ver un plano de trabajo claro, con frentes de madera y huecos abiertos detrás del mostrador. La arquitectura interior se vuelve legible a partir de esa economía de medios, que evita sumar elementos innecesarios.
El salón mantiene la misma claridad, con un sofá de cuero marrón junto a un paño acristalado que mira al agua. Las escaleras blancas aparecen como parte del mismo sistema espacial, no como pieza aislada. Al avanzar por la casa flotante, los cambios de nivel generan pequeñas pausas, y cada una abre una vista distinta. Esa secuencia favorece una vivienda flotante compacta, donde el paso de un espacio a otro siempre deja ver algo más: una barandilla, una abertura, un reflejo sobre el canal.
Detalles mínimos para un presupuesto ajustado
El proyecto se resolvió con intervenciones sencillas pero muy medidas. La decisión no pasó por sumar materiales, sino por afinar la planta, la sección y los puntos de luz. Se nota en los encuentros limpios, en la repetición de superficies blancas y en la forma de contener el mobiliario fijo. La casa flotante demuestra que una arquitectura interior precisa puede sostener un gesto exterior fuerte sin recurrir a recursos excesivos. Aquí el espacio se trabaja con exactitud, no con acumulación.
También la idea de pequeña huella aparece ligada a esa misma lógica. La vivienda flotante se concibe con una ocupación contenida y con prácticas de construcción circular, dentro de un conjunto que comparte energía a través de una red propia. Ese contexto explica parte del proyecto, pero no lo agota. Lo que permanece en la memoria es el atrio de tres plantas, la diagonal del techo inclinado y la manera en que la casa flotante convierte cada cambio de nivel en una vista nueva sobre el agua. La arquitectura interior sostiene todo el conjunto.
La vida sobre el agua como secuencia espacial
Vivir sobre el agua aquí no se plantea como imagen, sino como una suma de umbrales bien resueltos. La pasarela exterior, la loggia, el atrio y la terraza superior forman una cadena de espacios que se enlazan sin gestos dramáticos. Cada uno tiene una altura, una luz y un borde distintos. En esa variedad está el interés del proyecto. La casa flotante aprovecha sus límites para ordenar la experiencia doméstica y convertir el recorrido en parte de la arquitectura interior.
Por eso la vivienda flotante funciona mejor cuando se mira en conjunto: el volumen negro hacia fuera, el blanco y la madera hacia dentro, y el agua como fondo constante. La casa con atrio no necesita explicarse con exceso; basta seguir la escalera, leer el cambio de nivel y atender a cómo entra la luz por los grandes huecos. Entonces aparece su carácter: una casa flotante compacta, clara en su estructura y precisa en la relación entre interior, terraza y agua.
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