Casa urbana moderna de niveles escalonados con interior luminoso
Los niveles escalonados marcan el recorrido desde la zona de estar hasta la cocina, y esa diferencia de altura cambia por completo la lectura del interior split-level en casa urbana moderna. En la planta de estar, el espacio se recoge; en la parte posterior, la cocina gana aire y se abre hacia el jardín con puertas altas. Entre ambos puntos, la casa usa el desnivel como herramienta principal, no como gesto decorativo.
Un recorrido interior guiado por el desnivel
La planta se organiza con una lógica clara de split-level: un tramo más bajo para el salón, un volumen más alto para la cocina y transiciones que evitan la sensación de pasillo. Desde el banco junto a la ventana hasta el frente de cocina, todo se apoya en cambios de cota que hacen visible la distribución. Ese interior de casa con niveles escalonados (split-level) deja leer la casa en capas, con una secuencia que avanza sin recurrir a separaciones cerradas.
La sala de estar aprovecha la diferencia de altura para quedar más recogida. No se encierra, pero sí se percibe protegida por la bajada del nivel y por la presencia de la madera en techo y estructura. Al pasar a la cocina, el espacio se eleva. Allí la vista se alarga y el volumen se abre hacia la parte trasera, donde el gesto principal es la altura. Ese contraste entre salón y cocina sostiene toda la composición interior.
Una cocina que gana altura y luz
La cocina de altura casi 4 metros domina el fondo de la vivienda. Ese dato no queda solo en la medida: se nota en la distancia entre el suelo y las vigas visibles, y en cómo las puertas altas de abrir llevan la luz hacia dentro. Las hojas acristaladas no se limitan a cerrar un hueco; amplían la relación con el exterior y hacen que la cocina funcione como una estancia de estancia prolongada, con aire suficiente para una mesa amplia y para que el techo pese menos.
Los frentes blancos y las superficies rectas de la cocina refuerzan esa lectura vertical. Al lado, el aluminio de los marcos introduce una línea más fría y precisa, mientras la madera del techo y las piezas de roble suavizan el conjunto sin convertirlo en algo blando. El resultado no depende del adjetivo, sino de la proporción: una cocina alta, luminosa y despejada que se apoya en materiales legibles.
Puertas altas de abrir y una entrada de luz directa
Las puertas altas de abrir aportan el cambio más visible en la parte trasera. Cuando se abren, el límite entre interior y exterior se vuelve más ancho y la cocina recibe luz de manera frontal. En días claros, ese vacío acristalado deja que el blanco de los paramentos y el tono miel del roble se lean con más nitidez. Es un recurso simple, pero aquí organiza la atmósfera de toda la planta posterior.
También en las vistas de interior aparece una paleta contenida: blanco, negro, madera clara y un gris suave en los elementos técnicos. No hay exceso de materiales. Hay, en cambio, una secuencia de superficies que permite notar las juntas, los encuentros y el espesor de la carpintería de aluminio. Esa precisión hace que el espacio respire sin perder definición.
La escalera abierta como pieza de conexión
La escalera de caracol abierta aparece como una pieza ligera dentro de un interno muy controlado. Los peldaños de madera se enrollan alrededor del vacío y la barandilla negra recorta el giro con una línea continua. Desde abajo, la escalera no pesa; desde arriba, ordena el paso entre plantas y deja ver cómo el conjunto se articula en torno a un centro vertical. Es uno de los puntos donde mejor se entiende el trabajo de este interior de casa con niveles escalonados (split-level).
En las imágenes, la escalera convive con un banco bajo, un muro blanco y una zona de paso clara. Esa proximidad de piezas evita que el trazo sea puramente escultórico. La escalera sirve a la vivienda, conecta niveles y deja pasar la luz alrededor de su curva. Los barrotes negros y las huellas de madera bastan para definirla sin recargarla.
Vigas de roble a la vista y un techo que ordena
Las vigas de roble interior aparecen de forma nítida en los techos y en algunos encuentros estructurales. No se esconden. Marcan dirección, dibujan el plano superior y ayudan a leer dónde termina una estancia y comienza otra. Frente a la blancura de las paredes, el roble introduce una línea cálida y física. No se trata de un revestimiento continuo, sino de piezas que anuncian la estructura y sostienen la imagen de la casa desde dentro.
Esa presencia de la madera también equilibra la carpintería de aluminio y las superficies lisas. El contraste no busca efecto, sino legibilidad. El techo gana espesor visual, la escalera se entiende mejor y el paso entre la sala y la cocina queda más claro. En una vivienda donde el desnivel ya organiza mucho, cada material trabaja para reforzar la orientación.
Una fachada que mezcla ladrillo, zinc y hierro
En el exterior, la fachada de ladrillo marrón rojizo sitúa la casa en un registro sereno y reconocible. El paño de ladrillo no se presenta como telón de fondo, sino como una superficie con ritmo propio, atravesada por huecos verticales y por carpinterías modernas. Sobre ella, el elemento en zinc de la cubierta introduce una terminación más sobria, mientras la viga de acero en la fachada frontal da respuesta a una necesidad constructiva visible desde la calle.
Las barandillas y elementos de hierro fundido refuerzan ese diálogo entre piezas pesadas y detalles precisos. No imitan la arquitectura vecina, pero tampoco la contradicen. El conjunto encuentra su carácter en la combinación de ladrillo, zinc, aluminio y hierro, con una lectura clara de estratos. La fachada de ladrillo marrón rojizo sigue siendo la base visual; el resto de los materiales afina el borde, la cubierta y los huecos.
La carpintería de aluminio introduce un trazo más limpio en los marcos y en las grandes superficies acristaladas. Frente al ladrillo, su perfil fino hace que las aberturas parezcan más precisas. Frente al zinc, mantiene un lenguaje contemporáneo y contenido. Y frente al hierro fundido, suma una nota técnica que encaja con el resto del conjunto sin competir con él. Así se cierra la relación entre el exterior y el interior: lo que se lee en la calle se continúa en las vigas, la escalera y la cocina de la casa.
Fotografía: Studio de Nooyer
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