Interior a medida en una villa reformada de los años 70
La pared oscura de la chimenea marca la primera lectura del espacio, y alrededor de ese plano se organiza buena parte del interior a medida. No hay un mueble aislado que quiera protagonizar la escena. La atención cae sobre la construcción completa: nichos de madera, estantes encastrados, superficies claras y una alfombra geométrica que delimita la zona de estar. El conjunto deja ver cómo la reforma se apoya en la distribución, la luz y los recorridos visuales entre salón, comedor y cocina.
Pared de chimenea oscura con nichos de madera
En el salón, la chimenea abierta pared oscura se incrusta en una pared profunda, casi como si fuera un marco de fondo para todo lo que ocurre delante. A un lado y dentro de esa composición aparecen nichos de madera y baldas que rompen la superficie plana. Esa carpintería hace que la pared gane espesor visual sin volverse pesada. El fuego queda centrado, mientras la madera suaviza el contraste con el paño oscuro y ordena la lectura de la estancia.
La mezcla de madera, un acabado de aspecto pétreo y paredes claras crea una tensión visible, pero no agresiva. El ojo salta del plano oscuro a los volúmenes más ligeros, y después vuelve al centro de la chimenea. Debajo, la alfombra geométrica zona de estar introduce color y fija el perímetro del sofá y la butaca. La sala mantiene una relación abierta con el resto de la vivienda; se ve la continuidad hacia otras zonas sin necesidad de sumar piezas sueltas. En ese gesto, el interior a medida funciona como estructura y como guía.
Contraste de planos y visión abierta del salón
La pared de chimenea a medida no se limita a encerrar el fuego. Su borde oscuro hace que los huecos de madera destaquen con más precisión y que las superficies blancas reciban mejor la luz. Esa diferencia de tono también ayuda a leer el espacio en profundidad. La apertura hacia el resto del interior no se corta, y la gran cristalera sigue presente como una referencia clara al fondo. La composición evita el efecto de bloque cerrado y deja pasar la vista entre las distintas piezas del salón.
Un sillón, algunas baldas y la propia abertura hacia otras estancias bastan para completar la escena. Nada queda recargado. La fuerza está en el orden de los planos: oscuro, claro, madera, textura pétrea, y después otra vez la alfombra, que ancla la zona en el suelo. Esa sucesión de superficies explica por qué el interior a medida se entiende aquí como algo más que carpintería: es la manera de construir la estancia alrededor de un único centro.
Lámparas colgantes comedor y una mesa en transición
Más adelante, el comedor cambia el ritmo con varias lámparas colgantes comedor sobre la mesa. Algunas incorporan una trama o estructura de madera que filtra la luz antes de que llegue a la superficie. No cuelgan como una pieza decorativa autónoma; acompañan la mesa y bajan visualmente el techo en esa franja. Bajo ellas, la alfombra delimita otra vez la zona, y las sillas en tonos verdes aportan un punto de color medido frente a la pared más clara.
Detrás de la mesa aparece un paño con textura de ladrillo o de piedra, y ese fondo separa esta área de la cocina que se ve más allá. La diferencia entre superficies lisas y texturas más marcadas hace que el comedor se lea como espacio de paso y de estancia a la vez. Un mueble vitrinado o de vidrio captura reflejos en el borde de la composición. Gracias a esa mezcla, el comedor no compite con el salón ni con la cocina; simplemente los enlaza con otra cadencia de luz.
Un fondo de ladrillo que cambia la luz del comedor
El acento de pared con textura de ladrillo o piedra funciona casi como una pausa. Frente a los frentes lisos de la cocina, ese fondo introduce relieve y hace que las lámparas se perciban con más presencia. Las piezas colgantes se alinean sobre la mesa y proyectan una luz más contenida, menos plana. El resultado no depende de grandes gestos, sino de la distancia entre materiales: el brillo del vidrio, la tela de las sillas, la rugosidad del paño trasero y la madera visible en las lámparas.
También aquí el interior a medida se reconoce en la forma de ocupar el plano vertical y el suelo. La mesa no queda perdida en una sala amplia; queda amarrada por la alfombra y por la altura de las lámparas. Entre este punto y el salón hay un tránsito claro, y la cocina aparece al fondo como siguiente estación, no como recinto separado. Esa continuidad mantiene la casa legible y evita que cada zona se cierre sobre sí misma.
Cocina con madera y frentes blancos
La cocina retoma el mismo lenguaje con armarios de líneas rectas, madera cálida y frentes blancos en la parte baja. Esa combinación aligera la composición, que no se resuelve como un bloque cerrado. En el centro de la estructura se distingue una zona empotrada para el equipamiento, encajada en la carpintería con una lectura limpia. La cocina madera y frentes blancos se apoya en esa alternancia para ganar presencia sin endurecer el espacio.
La entrada de luz desde la gran zona acristalada cambia el aspecto de los laterales y deja ver mejor la diferencia entre los acabados. La cocina no se plantea como un rincón aparte, sino como parte de una secuencia interior que empieza en el salón y pasa por el comedor. Los paneles de madera vuelven a conectar con los nichos de la chimenea, mientras los frentes blancos sostienen la claridad general. Así, la cocina participa del mismo orden visual que las otras estancias.
La zona de trabajo se mantiene sobria, con pocos cortes en los frentes y una estructura de armarios muy controlada. La presencia de la madera le da una lectura más cercana que la de un bloque totalmente blanco, y los elementos encastrados refuerzan la idea de interior a medida. No hay exceso de piezas visibles. Lo que se ve es suficiente: un plano de carpintería, una abertura para los aparatos y la continuidad con el resto de la vivienda.
Banco integrado bajo ventana y luz regulada
En la zona de la ventana aparece un banco integrado bajo ventana que aprovecha la profundidad del hueco sin añadir muebles independientes. La forma de la pieza sigue la línea de la cristalera y convierte un tramo de pared en una estancia de uso cotidiano. Las persianas horizontales controlan el paso de la luz y la parten en franjas finas. Ese gesto suaviza el brillo directo y da al rincón una función precisa dentro de la casa.
El banco encastrado comparte materialidad con el resto del proyecto: marcos oscuros, madera y planos claros se mantienen cerca unos de otros. Por eso no queda desconectado del salón ni del comedor. A su alrededor se intuyen las lámparas y el paso hacia otras áreas, lo que refuerza la idea de una planta abierta organizada por piezas fijas. El hueco de la ventana se vuelve útil sin perder continuidad con el conjunto.
Al final, lo que sostiene la vivienda es la relación entre texturas y recorridos. La pared de chimenea a medida ordena el salón, los nichos de madera introducen ritmo, la alfombra geométrica zona de estar fija el suelo y las lámparas del comedor marcan la altura. La cocina con madera y frentes blancos prolonga ese mismo lenguaje, y el banco bajo la ventana ocupa un borde que de otro modo quedaría vacío. En este interior a medida, cada zona se define por cómo se une a la siguiente.
Leído en conjunto, el proyecto funciona por capas: el fuego como centro, la carpintería como marco, el comedor como bisagra y la cocina como continuación visible. No hay una ruptura fuerte entre las estancias, pero tampoco una repetición exacta. La diferencia está en el tipo de superficie, en la intensidad del color y en la altura de cada pieza. Ese control de las transiciones es lo que da forma al espacio y hace que la reforma se entienda desde lo que se ve y se usa.
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