Piscina desbordante en el jardín con losas de hormigón gris claro 80×80 y juntas con hierba/musgo
La línea del agua marca el centro de la , y alrededor se abre un plano de hormigón claro que ordena todo el conjunto. Las losas de 80×80 cm, cortadas a medida, encajan junto a los bordes estrechos de la piscina y dejan una lectura muy precisa del perímetro. El tono gris claro recoge la luz sin imponerse al espejo de agua. Entre pieza y pieza, las
juntas con hierba y musgo
suavizan la dureza del pavimento y hacen visible el paso del agua hacia el terreno.
Las losas de hormigón gris claro 80×80 alrededor de la piscina
En torno al vaso, las se apoya en una superficie de losas de hormigón gris claro 80×80 dispuestas con un trazado limpio. El formato grande reduce el número de cortes visibles y refuerza la geometría del patio. Donde la piscina estrecha el paso, cada pieza aparece ajustada con precisión para acompañar la línea del borde. El pavimento no busca protagonismo; trabaja como una base continua que hace más clara la relación entre el agua, la terraza y las franjas de vegetación.
Juntas con hierba y musgo como parte del dibujo
Las uniones abiertas entre las piezas no se esconden. Al contrario, forman un detalle reconocible en el suelo. La hierba y el musgo ocupan esas ranuras y rompen la continuidad del hormigón con una textura fina, casi blanda a la vista. Ese gesto también se lee como un recurso de drenaje, porque el agua puede bajar al terreno en lugar de quedarse sobre la superficie. En las imágenes, estas aparecen como una costura baja que enlaza la terraza con el jardín.
El borde de acero de la piscina y la lectura de la lámina de agua
El <borde de acero de la piscina traza una línea nítida entre el vaso y la terraza. Su presencia es mínima, pero cambia por completo la percepción del conjunto: el agua parece recortarse con más precisión y la geometría gana peso visual. Frente al hormigón, el metal introduce un contraste frío y recto. Esa diferencia entre superficies deja claro dónde termina el pavimento y dónde empieza el desbordamiento, sin añadir piezas decorativas ni interrupciones en el contorno.
El resultado es un borde que se lee casi como un perfil técnico. La terraza lo acompaña con la misma lógica, y la piscina queda integrada en una secuencia de líneas rectas, juntas finas y cambios de textura. En esta , el agua no aparece aislada: queda dibujada por el pavimento, por el metal y por el verde que se cuela en las juntas.
Terraza y vivienda, una misma estructura de hormigón
La terraza continúa hacia la casa con la misma estructura y el mismo color del hormigón. Esa repetición no endurece la escena; al contrario, hace legible el paso entre interior y exterior. Desde el suelo se percibe una continuidad material que une las piezas del proyecto sin necesidad de un cambio brusco. La superficie clara recibe la luz del día y la reparte sobre el patio, mientras la vivienda queda como fondo blanco y sobrio, con el techo de paja visible en algunas vistas.
El diálogo entre casa y jardín se apoya en datos muy concretos: el tono del hormigón, la escala de las piezas y la forma en que el patio se extiende hasta tocar la arquitectura. En un , esa relación resulta especialmente clara porque el lenguaje es directo. No hay exceso de recursos. Hay una secuencia de planos, líneas y materiales que se reconocen al primer vistazo.
El encuentro entre el patio y los pasos de uso diario
Las zonas de estar se colocan sobre el mismo plano de hormigón, con una mesa y sillas situadas a un lado para no cerrar la vista hacia el agua. Un gran parasol negro aparece como una pieza más del mobiliario, discreta por el color y rotunda por su escala. El conjunto permite usar el exterior sin romper la lectura de las juntas ni de los bordes. La sigue siendo el eje, incluso cuando la terraza se llena de vida cotidiana.
Senderos de hormigón con juntas verdes entre el césped y las masas de verde
Más allá de la terraza, los conducen la mirada hacia otros rincones del jardín. Las losas son anchas y rectas, y entre ellas aparece el mismo relleno vegetal que se ve en la zona de la piscina. Ese recurso hace que los recorridos parezcan menos duros y ayuda a enlazar el patio con el césped y los parterres. La secuencia de placas crea un ritmo medido, con pausas de verde que acompañan el paso y abren vistas hacia el estanque.
Los caminos no se limitan a unir puntos; también organizan la experiencia del espacio. Entre una superficie y otra, el jardín deja ver cambios de escala: del pavimento amplio a la franja estrecha de hierba, del borde recto al crecimiento más libre de la plantación. Esa mezcla de control y vegetación aparece en varios planos de la serie fotográfica, donde el hormigón funciona como guía y el verde como interrupción visible.
Una pasarela de madera junto al estanque natural
La parte más blanda del proyecto aparece junto al agua natural. Allí, una recorre el borde y acompaña el trazado orgánico de la lámina. Las cañas y los nenúfares reducen la rigidez del entorno y cambian el dibujo del paisaje. Frente a la terraza recta, el estanque introduce una curva más suelta, con una presencia que se deja leer por capas: agua, vegetación, madera y sombra.
La pasarela no compite con ese fondo. Se mantiene baja y lineal, casi como una transición entre las zonas pavimentadas y el agua. En las imágenes, la madera aparece junto a masas de plantación y a un elemento de sombra tipo , que marca un lugar de paso y de pausa. Esa combinación de materiales sitúa el estanque dentro de la misma lógica del proyecto: recorridos claros, superficies precisas y cambios de ritmo visibles.
Sombra, altura y límite en el recorrido del jardín
Las pérgolas y los árboles de distintas alturas recortan la luz sobre el pavimento y las plantaciones. En unas horas, la sombra cae alargada sobre el hormigón; en otras, se concentra en pequeños tramos del camino. Esa variación modifica la lectura de las juntas, del borde del estanque y del plano de la terraza. El jardín cambia de aspecto sin mover sus piezas. Solo cambia la incidencia del sol. Es una observación sencilla, pero define bien cómo se usa el espacio a lo largo del día.
Setos altos como pantalla y fondo del jardín
Los aparecen como una masa verde que delimita el perímetro y reduce la visión desde fuera. No se colocan como un gesto ornamental, sino como un borde vegetal que hace de fondo para la piscina, el césped y el estanque. Su altura introduce una escala vertical en un conjunto dominado por líneas horizontales. Así, la terraza queda contenida sin perder apertura, y el jardín gana una sensación de encuadre muy clara en las tomas generales.
También en los detalles de plantación se aprecia esa idea de delimitación. Los setos, las franjas de césped y las zonas de vegetación más baja forman capas que separan sin cerrar. Ese tipo de organización resulta visible sobre todo cuando la piscina, la terraza y los recorridos quedan alineados en la misma mirada. La se entiende entonces como una pieza central, pero rodeada de límites blandos que la acompañan sin restarle presencia.
Luz, color y material en una misma escena exterior
El conjunto trabaja con una gama contenida: grises claros, verde vegetal, blanco de la casa y el tono oscuro del acero. A esa paleta se suman texturas distintas, desde el hormigón liso hasta el musgo de las juntas, la madera de la pasarela y el volumen denso de los setos. La escena gana profundidad por contraste, no por acumulación. Cada material cumple una función visual concreta: marcar un borde, absorber la sombra, abrir un paso o fijar un fondo. Así, el jardín se lee por capas y por trayectos, no como una sola superficie uniforme.
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