Renovación y ampliación de una vivienda unifamiliar
La línea del tejado a dos aguas sigue marcando la casa, pero ahora lo hace con una lectura más limpia: menos piezas añadidas, menos gestos dispersos y más continuidad entre volumen, jardín y acceso. La renovación vivienda unifamiliar parte de una casa de ladrillo existente y la depura hasta dejar visibles sus proporciones básicas. La ampliación de vivienda se integra como una prolongación del cuerpo principal, mientras la nueva organización exterior reduce la superficie dura al mínimo imprescindible.
Una casa de ladrillo reducida a su estructura esencial
Antes de sumar metros, se retiraron los elementos que fragmentaban la vivienda: el mirador, el añadido posterior, el cobertizo trasero y los ornamentos de fachada. Esa operación cambia por completo la lectura del conjunto. El ladrillo vuelve a tomar protagonismo y el volumen se entiende de una sola vez, con dos plantas y una cubierta inclinada que responde al perfil habitual de la urbanización de los años sesenta. En lugar de esconder la casa, la intervención la deja hablar con menos ruido alrededor.
La nueva ampliación de vivienda no aparece como una pieza aparte. Se dibuja como una continuación del cuerpo principal, y también el pequeño volumen de apoyo para el jardín adopta esa misma lógica. Sobre él, un alero de sombra en tablas de madera quemada marca el lado sur y extiende su línea hacia la ampliación. Ese movimiento hace que el conjunto se lea con un mismo gesto horizontal, aunque el fondo siga siendo el de una casa con tejado a dos aguas y muros de ladrillo claro.
El acceso se mueve al norte y el jardín gana terreno
Reubicar la entrada en el lado norte fue una decisión decisiva. Al acercarla a la zona de aparcamiento, el pavimento exterior se limita a lo necesario y la zona privada del jardín puede avanzar hasta el borde del espacio público, incluida la franja delantera. El recorrido desde fuera deja de ser una sucesión de superficies sobrantes. Se resuelve con más precisión, entre piezas duras, vacíos y una transición clara hacia el interior de la parcela.
La privacidad se apoya en dos elementos sencillos: un seto y un nuevo muro de privacidad en jardín. El muro fija el límite entre aparcamiento y jardín, pero no se comporta como un cierre abrupto. Su altura, su material y su continuidad acompañan la casa en el borde, mientras el camino de grava distribuye el paso entre la fachada, las zonas de plantación y la entrada. En las imágenes, ese camino no decora; ordena la parcela y deja respirar el resto del terreno.
Un borde claro entre lo público y lo privado
La nueva pared exterior trabaja como una línea de control. Contiene el aparcamiento, protege la vida del jardín y, al mismo tiempo, construye una transición sobria hacia la calle. Junto a ella, la grava y los macizos verdes suavizan la dureza del ladrillo sin borrar el límite. Esa combinación resulta especialmente visible en los encuentros entre el muro bajo, la vegetación y las ventanas amplias, donde el exterior deja de ser fondo y pasa a formar parte de la composición arquitectónica.
Más altura en la cubierta para ganar una planta útil
El mal estado de la cubierta permitió rehacer la estructura y elevarla aproximadamente un metro. Ese pequeño ajuste cambia el uso de la casa por completo. El desván, antes inaccesible, pasa a formar parte del programa y se suma a la vivienda como una extensión real. La decisión no busca un efecto espectacular desde fuera; se nota por cómo el perfil del tejado gana capacidad interior sin perder la imagen reconocible de la casa con tejado a dos aguas.
La orientación también guía la distribución. Desde la vivienda se aprovechan mejor las vistas y la luz del este, el sur y el oeste, mientras el nuevo acceso en el norte libera el resto de la parcela. Esa organización permite que las estancias se relacionen con el exterior de forma distinta a lo habitual en una reforma doméstica. La casa no gira sobre sí misma; recoloca sus piezas para sacar partido de la luz disponible y del espacio ganado en planta y en cubierta.
El alero de sombra y la madera oscura tensan la fachada
El alero de sombra, resuelto con tablas de madera quemada, introduce un contraste nítido sobre el ladrillo claro. No se limita a cubrir: también dibuja una línea que alarga el gesto de la ampliación y une la pieza nueva con el volumen principal. En las imágenes exteriores, esa madera oscura recorta el borde superior y deja el resto del conjunto más sereno, con ventanas rectangulares y perfiles finos que no compiten con la materia del muro.
La casa se apoya en pocos materiales, pero cada uno trabaja con un papel claro. El ladrillo define la masa, la madera oscura da sombra y remate, y los perfiles metálicos afinan las aperturas. Esa reducción de recursos no busca neutralidad; busca precisión. Por eso desaparecen los umbrales, los bordes de cubierta y las bajantes a la vista. El resultado se lee con menos interrupciones y con un dibujo más claro en fachada, algo que también se aprecia en los encuentros junto al muro y el jardín.
Detalles que se esconden para dejar ver la forma
Los detalles constructivos se han resuelto con la intención de no ocupar demasiado espacio visual. Los umbrales quedan integrados, los remates de cubierta se limpian y las salidas de agua no interrumpen el plano. Esa decisión tiene un efecto directo en la lectura de la casa: el ladrillo conserva su presencia y los huecos aparecen como vacíos precisos, no como piezas rodeadas de accesorios. En una vivienda unifamiliar de esta escala, esa contención es la que hace legible la reforma.
Un interior abierto por la luz y el trabajo de carpintería
Dentro, la luz entra por grandes huecos rectangulares y se apoya en suelos de piedra o cerámica de tono neutro, visibles junto a una carpintería de madera hecha a medida. En la zona de estar y cocina, un frente de madera organiza la estancia y concentra las aperturas en torno a un vacío central. El mobiliario no busca imponerse; estructura la pared y deja que la claridad marque el ritmo del espacio. Esa relación entre huecos amplios y material cálido en la carpintería da al interior una lectura directa.
La ampliación de vivienda también se percibe desde dentro por el modo en que prolonga el programa hacia nuevas áreas útiles. La planta superior ganada con la cubierta elevada permite usar una zona que antes no contaba. No hay un gesto exagerado, solo una suma exacta de espacio que cambia el uso cotidiano. La casa trabaja con estancias mejor orientadas, pasos más cortos y una relación más clara entre interior, patio, jardín y borde de parcela.
La parcela como continuidad de la arquitectura
El exterior no se trata como un decorado al final de la obra. La grava, los límites de ladrillo, el seto y el muro de privacidad en jardín forman parte del mismo proyecto que la vivienda. En las vistas laterales, el camino de grava acompaña la fachada y las plantaciones ocupan los vacíos entre bordes. Los materiales son pocos, pero bastan para definir recorridos, detener vistas y dar espesor al perímetro de la casa sin cargarlo de elementos innecesarios.
Lo más interesante de esta renovación vivienda unifamiliar es la manera en que la intervención trabaja por sustracción. Se retira lo que sobraba, se recoloca la entrada, se aprovecha la cubierta y se fija un límite claro con el jardín. La casa resultante no se presenta como un objeto nuevo, sino como una vivienda de ladrillo afinada desde dentro y desde fuera. La arquitectura se nota en los cambios de borde, en la sombra del alero y en la forma en que el jardín gana espacio útil junto a la vivienda.
Los contrastes de la obra aparecen con claridad: ladrillo claro, madera oscura, perfiles metálicos y vegetación baja. En conjunto, sostienen una casa que mantiene su identidad de vivienda unifamiliar y, al mismo tiempo, ordena mejor su relación con el terreno, el acceso y la luz. La ampliación de vivienda no invade; prolonga. Y esa diferencia se percibe desde el primer vistazo al tejado y al borde del jardín.
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