Villa moderna junto al agua
La terraza elevada marca el primer gesto de la villa moderna junto al agua: una plataforma que acerca la casa al jardín y abre la vista hacia el borde del agua. Desde ahí, la línea del volumen continúa en la fachada y en el remate de la cubierta, como si el recorrido exterior se plegara sobre sí mismo. Ese trazo se apoya en ceder y estuco, con la cubierta resuelta en antra zinc y una chimenea de ladrillo que da peso al conjunto.
Una terraza que organiza la relación con el agua
El contacto con el exterior no se deja a un gesto decorativo. La casa se asienta sobre una terraza más alta que el terreno inmediato, y esa pequeña elevación cambia la manera de mirar el entorno. La plataforma actúa como transición entre el interior, el jardín y el agua, y deja que las vistas al jardín y al agua entren en el recorrido diario. En la parte cubierta, el borde superior protege el paso y prolonga el uso exterior sin cerrar la perspectiva.
La composición parte de una vivienda amplia en una parcela rodeada de agua y campos. Las necesidades iniciales eran precisas: una sala de estar generosa, una cocina espaciosa, almacenamiento suficiente y la posibilidad de dormir en planta baja en el futuro. La distribución responde con claridad a ese programa. En la planta superior se concentran tres dormitorios y un baño, mientras que en la planta baja quedan las estancias principales y una pieza de trabajo que puede cambiar de función más adelante.
Una fachada con una línea que gira y continúa
Lo que primero se reconoce en el volumen es esa curva que nace en la terraza y sigue por la fachada hasta llegar al alero. No es un recurso añadido al final; organiza la lectura completa del frente. El ceder aporta una textura marcada en una parte de la envolvente, el estuco suaviza otros paños y el ladrillo visto de la chimenea introduce una nota más sólida. La cubierta, en antra zinc, remata el perfil con una línea oscura que acompaña el trazado general de la casa.
La casa se percibe como un volumen contemporáneo, pero no por acumulación de gestos. Son las juntas entre materiales, la posición de la terraza y el ritmo de los huecos lo que da forma al conjunto. Desde el exterior se entiende que el proyecto busca abrirse al agua sin perder definición. La chimenea de ladrillo, colocada con presencia clara, rompe la horizontalidad del alero y ordena la silueta de la cubierta.
Ceder, estuco y antra zinc
La combinación material está pensada para que cada parte tenga un papel distinto. El ceder introduce una superficie cálida y lineal, mientras que el estuco recoge la luz de manera más uniforme. Encima, la cubierta de antra zinc da continuidad al borde superior y acentúa la lectura horizontal. Esa relación entre piezas no necesita más adorno. La casa se apoya en el contraste entre paños lisos, textura de madera y remates metálicos para expresar su carácter.
Ventanas altas que llevan la vista al interior
Las villa con grandes ventanales no se plantean aquí como escaparate, sino como herramienta para conectar estancias y paisaje. Los huecos de suelo a techo abren la sala y la cocina hacia el jardín y el agua, y las líneas visuales recorren la planta con facilidad. La luz entra con profundidad, pero también lo hace el exterior: la vegetación, el reflejo del agua y la horizontalidad del entorno se leen desde dentro sin esfuerzo.
En varios puntos se aprecia cómo las aperturas altas y anchas ordenan el interior. Los marcos oscuros y las lamas de control solar filtran la entrada de luz, y el vidrio mantiene una relación directa con la terraza cubierta. Esa conexión aparece con claridad en las imágenes del interior, donde las paredes blancas y el suelo oscuro dejan que el protagonismo recaiga en la abertura hacia fuera. La casa se cuenta desde la vista, no desde la decoración.
Doble altura entre cocina y planta superior
La doble altura interior enlaza la cocina con la planta alta a través de un vacío que amplía la sensación de recorrido vertical. No divide; une por encima del límite entre niveles. Desde la entrada y desde la cocina se percibe esa conexión, que permite que la luz y las vistas atraviesen el centro de la vivienda. La escalera y el borde superior quedan integrados en ese espacio, de modo que la altura no se queda en una cifra, sino en una relación real entre plantas.
Junto a la cocina se sitúa un estudio que, en el futuro, puede convertirse en dormitorio. La habitación vecina, pensada como archivo, ya tiene las instalaciones preparadas para transformarse en baño. Esa previsión forma parte de la lógica del proyecto: la planta baja está resuelta para el uso actual, pero también para cambios posteriores. La vivienda incorpora así una flexibilidad que no altera el orden general ni exige obras complejas más adelante.
Una casa muy aislada con energía prevista desde el inicio
La casa muy aislada responde a una prioridad explícita de los propietarios. La envolvente se resolvió con una elevada capacidad de aislamiento, y esa decisión acompaña todo el planteamiento constructivo. No se trata de un añadido técnico escondido al final, sino de una condición que influye en el modo de cerrar la casa, en la elección de los materiales y en el tratamiento de las cubiertas. La eficiencia aparece ligada a la forma, no separada de ella.
En el anexo donde se ubican el garaje y el lavadero, el tejado plano se cubre por completo con paneles solares en tejado plano. El plano queda rebajado para que los paneles no se vean desde el exterior, de modo que la cubierta mantiene un perfil limpio. Esa solución permite producir electricidad sin alterar la imagen general del conjunto. La estrategia energética se integra así en el proyecto con la misma discreción con la que se resuelve el borde de la terraza o la línea de la cubierta.
La villa energéticamente eficiente se apoya, por tanto, en tres decisiones visibles: una envolvente muy aislada, un aprovechamiento serio de la cubierta auxiliar y una implantación que aprovecha la orientación hacia el agua. En lugar de convertir la tecnología en una presencia aparte, el proyecto la hace coincidir con la geometría de la casa. El resultado es un volumen claro, con huecos precisos, materiales legibles y un exterior que mantiene el orden incluso cuando se conocen sus recursos técnicos.
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