Marco van Veldhuizen

Villa moderna junto al agua con grandes ventanales

La madera, el vidrio y el hormigón marcan el ritmo de esta villa moderna junto al agua. Las fachadas se quiebran en planos que avanzan y retroceden, mientras las grandes aberturas dejan pasar la vista hacia el exterior. No hay un frente cerrado ni una lectura única del volumen. El recorrido se construye a partir de sombras bajo los vuelos, paños acristalados y una secuencia de materiales que cambia con la luz.

Una entrada cubierta que ordena el acceso

El carport cubierto se prolonga hasta la entrada y hace que la llegada resulte clara incluso en un día de lluvia. La cubierta no funciona como añadido, sino como parte del propio acceso. Bajo ese plano continuo aparecen líneas rectas, una zona de sombra y un árbol visible desde el despacho, que abre visualmente el área de entrada. La villa moderna junto al agua gana así una transición precisa entre el exterior y el interior, sin perder tensión arquitectónica en la fachada.

Quien se aproxima no encuentra un único plano frontal, sino una sucesión tranquila de vacíos y salientes. La cubierta avanza, el volumen principal se retrae y entre ambos queda un espacio de espera. Esa combinación da carácter al acceso sin recurrir a gestos excesivos. El resultado es práctico, pero también muy legible desde el punto de vista espacial, con el carport cubierto y la entrada integrados en la composición general.

Grandes ventanales y una fachada trasera muy alta

Los cambios de plano en el cerramiento, las líneas gráficas y los vuelos amplios aportan ritmo a la envolvente. Entre esos cuerpos aparecen grandes ventanales que hacen visible la relación entre interior y exterior. La parte trasera concentra una de las imágenes más contundentes del proyecto: una gran fachada acristalada trasera de unos nueve metros de altura que abre la casa hacia el agua y multiplica la entrada de luz. La villa con grandes ventanales no se limita a mirar al paisaje; lo incorpora en la vida diaria de las estancias.

Ese paño de vidrio alto no actúa solo en la planta baja. En la zona de descanso también se mantiene la relación con el agua y con el espacio exterior, y detrás de la cama se prolonga un plano vertical hasta la cumbrera. Esa pared de gran altura hace notar el volumen interior desde dentro y refuerza la tensión entre horizontalidad y verticalidad en toda la casa. Los huecos de ventana, muy ordenados, evitan que la imagen se disperse.

Luz natural en villa moderna

Los grandes acristalamientos no están puestos como ornamento. Dirigen la mirada hacia el paisaje acuático y llevan la luz natural en villa moderna hasta las partes más profundas de las habitaciones. Los vuelos generosos dejan una franja oscura sobre los paños abiertos, de modo que el vidrio no aparece expuesto ni plano. Esa sombra superior ayuda a leer el apilamiento de materiales: hormigón en la base exterior, madera en zonas concretas y vidrio como superficie principal de apertura.

Desde fuera, el conjunto mantiene una imagen sobria, pero nunca rígida. Las franjas negras de las ventanas recortan las aberturas, mientras que las aristas en diagonal y los bordes de sombra aportan profundidad. El techo inclinado, con un alero visible y una cubierta de tono cálido, refuerza esa lectura. La composición no busca ocultar la estructura; la hace visible a través de los planos y de la manera en que cada material responde a la luz.

La planta baja entre el suelo en espiga y la cocina

En la planta baja, el suelo de madera en espiga une visualmente la sala de estar y la cocina. El dibujo acompasa la estancia sin imponerse, y funciona como una base continua sobre la que se leen los muebles y los huecos. En la cocina, la encimera de piedra natural y la pared posterior oscura crean un contraste claro. El tablero capta la luz de forma distinta a la superficie del fondo, lo que hace que la zona de trabajo quede bien definida dentro del espacio abierto.

La cocina ocupa una posición central por escala y por relación con el resto de la planta. No necesita elementos añadidos para destacar. Se entiende por cómo se abre hacia la estancia y por la forma en que los materiales sostienen el uso diario. El suelo de madera en espiga enlaza cocina y salón, mientras que la piedra y el fondo oscuro fijan la zona de preparación con una presencia más contundente. En esta villa moderna junto al agua, la distribución se lee con facilidad a través de los acabados.

Materiales que responden distinto a la luz

Madera, piedra y superficies oscuras actúan de manera distinta a lo largo del día. La madera marca el paso bajo los pies y aporta dirección al plano horizontal. La piedra del sobre de trabajo pesa más visualmente y recoge reflejos suaves. La pared oscura hace retroceder el fondo y evita que la cocina se disuelva en la amplitud de la planta. Ese contraste mantiene la lectura del espacio clara, incluso cuando las aberturas dejan entrar una gran cantidad de luz natural.

La fachada de madera vidrio y hormigón no se limita al exterior. También se percibe en la manera en que la casa articula el interior con sus superficies. Los materiales no compiten entre sí; se reparten por zonas y cumplen un papel preciso. La madera suaviza, el vidrio abre y el hormigón fija el borde del espacio exterior. Esa distribución sostiene la atmósfera general de la vivienda sin depender de recursos decorativos.

Terraza, cocina exterior y contacto con el agua

Un terraza de hormigón recorre el lado izquierdo y la parte trasera de la vivienda. La superficie se conecta directamente con los espacios de estar a través de los paños acristalados y las puertas de acero, de modo que el exterior se usa como una prolongación real de la planta baja. El hormigón mantiene la línea limpia y da una base firme al conjunto. Las jardineras suavizan ese borde duro lo justo para que el plano no resulte pesado. La villa junto al agua queda así extendida hacia el exterior en varias direcciones.

En el jardín aparece una cocina exterior que dialoga con la cocina interior por materialidad y función. El plano de trabajo, la ruta de paso y la terraza forman una secuencia evidente entre cocinar dentro y hacerlo fuera. Más allá, el embarcadero abre la parcela hacia el agua y añade otra salida visual. En lugar de cerrar el fondo del jardín, el proyecto construye una serie de umbrales que conectan la casa con su borde acuático y con las zonas exteriores de uso cotidiano.

Un exterior nítido, con sombras y acentos negros

Desde el exterior se reconoce con claridad cómo alternan los tres materiales principales. El vidrio mantiene la casa abierta, el hormigón ancla la terraza y la madera atenúa partes de la fachada y de la cubierta. Las franjas negras de las carpinterías, los paneles verticales y los vuelos generan una lectura precisa de cada hueco. El conjunto resulta limpio, pero no plano. Hay profundidad en los retranqueos, en la línea del alero y en la manera en que la luz se posa sobre los bordes.

La coherencia visible entre la entrada cubierta, el paño acristalado posterior y la terraza elevada hace que la vivienda se lea como una secuencia de planos, y no como piezas aisladas. Esa lógica también aparece en la presentación fotográfica: primero se percibe el volumen, luego la apertura de los ventanales y después el contacto con la terraza y el agua. La villa moderna junto al agua queda definida por ese paso continuo entre llegar, abrir y salir.

Las imágenes que mejor explican el proyecto

Las fotografías insisten en tres ideas: la gran apertura del volumen, la cubierta que acompaña el acceso y la mezcla de materiales en la envolvente. En una de las vistas, los ventanales altos y las jardineras de madera se combinan con una terraza de hormigón elevada; en otra, el alero y la cubierta inclinada dejan ver la línea de techo y los acentos negros alrededor de las ventanas. Son imágenes que no solo muestran la casa, sino la relación constante entre estructura, vacío y luz.

También en el interior la lectura se apoya en detalles concretos: la veta del suelo en espiga, el brillo irregular de la piedra y el fondo oscuro de la cocina. Todo ello evita que la planta se vuelva difusa. La casa mantiene un vínculo permanente con el agua a través de las grandes aberturas y de la gran fachada acristalada trasera, pero ese vínculo no borra la presencia de los materiales. Al contrario, los hace más fáciles de leer en cada tramo del recorrido.

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