Casa campestre moderna con tejados a dos aguas combinados
La cubierta marca desde lejos la lectura de la casa: dos tejados a dos aguas se cruzan y hacen visible la diferencia entre el volumen principal y el anexo retranqueado. El primero aparece en mampostería blanca; el segundo se oscurece con un revestimiento de madera negro que retrocede bajo la línea del techo. Entre ambos, los acentos de roble claro en la puerta de entrada y en la estructura vista dan un punto cálido a una composición muy contenida.
Dos volúmenes, dos lecturas bajo una misma cubierta
La casa campestre moderna con tejados a dos aguas en continuidad se construye a partir de ese juego de encuentro entre cubiertas. No hay una masa única, sino dos piezas que se solapan y organizan la silueta. El volumen principal, blanco, toma el protagonismo; el anexo, más oscuro y retranqueado, queda en segundo plano sin desaparecer. Esa jerarquía se entiende también en la fachada, donde las aberturas rectangulares y los paños ciegos alternan con orden y dejan que el perfil del techo haga el resto.
El blanco del ladrillo encalado suaviza la presencia del conjunto, mientras el negro del revestimiento de madera en la fachada fija el contraste. No se trata de un gesto decorativo aislado, sino de una forma de separar funciones y leer mejor la casa. El encuentro entre ambos materiales queda reforzado por la carpintería oscura y por la modulación de los huecos, que mantienen la fachada clara en su composición incluso cuando cambia la profundidad de los volúmenes.
Un acceso sereno con madera visible
La entrada se apoya en una puerta de roble claro y en piezas de madera que quedan a la vista bajo el alero. Es un detalle pequeño, pero cambia la percepción del frente. Donde la mampostería blanca y la cubierta oscura podrían endurecer el conjunto, el tono del roble introduce una transición más suave entre exterior e interior. Las puertas de las zonas de servicio repiten ese mismo material y refuerzan la idea de una casa trabajada con pocos elementos, bien colocados.
En las imágenes, el tramo de acceso y las superficies próximas al alero muestran una construcción precisa, sin ruido visual. La fachada no busca acumular recursos; se apoya en la relación entre blanco, negro y madera. Esa combinación aparece también en la manera en que los volúmenes se retranquean y en cómo el tejado deja sombra sobre los planos verticales, marcando profundidad y dejando que el conjunto respire por capas.
La parte trasera abre la casa hacia el jardín
Detrás, la vivienda cambia de registro y convierte la estancia principal en una cocina de vida con vistas largas. Desde la isla blanca se ve la mesa del comedor, la terraza cubierta y el jardín. Esa alineación ordena el espacio sin necesidad de tabiques visibles. La cocina con isla blanca se presenta como un punto de trabajo y, al mismo tiempo, como un lugar desde el que se controla la relación entre interior y exterior. La mirada avanza en línea recta, de la encimera al vidrio y de ahí al verde.
Los ventanales grandes tienen aquí una función muy concreta: amplían el fondo de la estancia y dejan que la terraza cubierta forme parte de la vida diaria. La estructura de madera y vidrio prolonga el interior hacia fuera sin cerrarlo del todo, y la cubierta protege una zona exterior que sigue conectada con la mesa y la cocina. El gesto es sencillo, pero eficaz: cocinar, comer y salir al exterior quedan dentro de una misma secuencia visual.
Una terraza cubierta que prolonga la estancia
La terraza cubierta madera y vidrio se lee como una pieza intermedia, ni completamente dentro ni del todo fuera. Los pilares y vigas de madera quedan visibles, y el cerramiento transparente mantiene la relación con el jardín. Desde el interior, la terraza no aparece como un añadido posterior; forma parte de la composición de fondo y toma la luz de manera distinta a la estancia. Esa variación de sombra y transparencia ayuda a que la casa gane profundidad sin recurrir a grandes artificios.
En la parte trasera, el ritmo de huecos y apoyos acompaña el recorrido entre comedor y exterior. El resultado no depende de un gran gesto, sino de la continuidad entre la cocina, la mesa y la zona cubierta. La casa utiliza la orientación de las vistas para organizarse. La isla no es un objeto aislado: queda colocada para mirar hacia el comedor y el jardín, y esa decisión hace legible toda la planta de día.
Interior abierto, líneas limpias y una escalera que ordena
Dentro, el espacio se abre con una lectura clara desde la entrada. La escalera abierta con peldaños de madera y estructura oscura actúa como pieza de transición entre niveles. Su presencia es ligera, pero no neutra: los peldaños cálidos destacan sobre la base más sobria y dejan pasar la luz. Alrededor, las paredes blancas y el pavimento claro mantienen la estancia despejada, de modo que la circulación se entiende con facilidad desde el primer vistazo.
La zona de estar y comedor sigue ese mismo criterio de apertura. No hay cambios bruscos en materiales ni en altura que rompan la continuidad; lo que cambia es la dirección de las vistas. La carpintería, los huecos amplios y la posición de la escalera construyen una casa en la que el movimiento resulta intuitivo. En este contexto, la casa campestre moderna con tejados a dos aguas en continuidad no se define solo por la silueta exterior, sino por la manera en que distribuye el recorrido interior.
Roble claro y blanco en la cocina
La cocina combina una pared de armarios en roble claro con un volumen central blanco que concentra la preparación y el apoyo diario. El contraste es directo, sin ornamento. La madera aporta textura a la línea de trabajo, mientras el frente blanco aclara la estancia y refleja la luz que entra desde los grandes ventanales. En lugar de dispersar el mobiliario, la composición mantiene todo cerca y deja libre el paso hacia la mesa y la terraza.
Desde la isla se domina la relación entre los distintos usos de la planta. La mesa queda a una distancia breve, el exterior aparece al fondo y la cocina conserva su papel central sin imponerse sobre el resto. Esa vista desde la isla hacia comedor y jardín es una de las claves del proyecto: no solo conecta espacios, también explica cómo se vive la casa. La planta baja se entiende como una secuencia de capas, con madera, blanco y negro repartidos con precisión.
Una casa de volumen claro y espacio útil bajo las dos cubiertas
La forma de las cubiertas no solo resuelve la imagen exterior; también permite que la planta alta se extienda por completo bajo ambas techumbres. Esa continuidad da lugar a mucho espacio habitable sin alterar la lectura compacta del conjunto. La casa aprovecha la altura que generan los dos tejados a dos aguas combinados y la convierte en superficie útil, algo que se percibe en la proporción general del volumen y en la forma en que la fachada mantiene su equilibrio.
Lo interesante está en que todo encaja con un número reducido de gestos: blanco para el cuerpo principal, negro para el anexo retranqueado, roble claro en la entrada y en la estructura vista, vidrio en las aperturas grandes y madera en la zona cubierta del jardín. Con esos elementos, la vivienda construye una imagen sobria y reconocible. La casa campestre moderna con tejados a dos aguas en continuidad encuentra así su carácter en la relación entre la geometría de la cubierta y la manera de abrirse hacia el exterior.
Want to see more of Bongers Architecten? View the page of Bongers Architecten for even more great projects and company information.







