Casa de los años 60 reformada con salón a doble altura
La luz entra sin obstáculos por los nuevos huecos y recorre una casa de los años 60 que ha cambiado de orden por completo. La reforma de casa de los años 60 parte de una vivienda que aún conservaba casi todo su estado original en el momento de la compra. Ahora la planta se abre, el salón gana una doble altura y la parte trasera se prolonga para sumar superficie. La casa mira al jardín y al agua con una secuencia más clara de espacios, pensada también para recibir invitados.
Una planta reordenada para abrir el salón
El gesto más visible está en el interior: una vide grande en el salón organiza la mirada hacia arriba y conecta dos niveles que antes funcionaban de forma más cerrada. Esa abertura cambia la manera de entrar en el espacio. Desde la planta baja, la luz baja por el vacío central y rebota en las paredes claras; desde arriba, la gran meseta de circulación queda en relación directa con el espacio principal. La transformación de vivienda no se apoya en gestos decorativos, sino en una redistribución que hace más legibles los recorridos.
La ampliación trasera añade metro y medio al volumen posterior y permite que el programa respire con otra medida. El salón se extiende, la relación con el exterior se afina y la casa deja de depender de compartimentos aislados. Esa ampliación trasera no solo suma superficie: también ordena la secuencia entre estar, pasar y mirar hacia fuera. En una vivienda de este tipo, ese movimiento cambia mucho más que el metraje. Cambia la percepción de profundidad, de luz y de uso diario.
La vide como pieza central de la transformación de vivienda
La doble altura no aparece como un efecto aislado. Trabaja junto a la escalera, con peldaños oscuros enmarcados por paramentos blancos, y con una gran zona de paso en la planta superior. La relación entre la vide del salón y la meseta de arriba da continuidad al interior sin necesidad de abrir todo indiscriminadamente. Hay un control claro de los vacíos, de los bordes y de las líneas de visión. Por eso el espacio principal se siente amplio sin perder definición.
También el interiorismo sigue esa lógica sobria. Las superficies claras, los huecos de almacenaje y los planos lisos dejan que destaquen la estructura espacial y el cruce de vistas. En lugar de acumular elementos, la reforma de casa de los años 60 organiza el fondo para que la luz se lea mejor. El resultado se entiende en la relación entre vacío, peldaño y abertura, más que en cualquier acabado aislado.
El garaje integrado en la vivienda cambia el programa
La antigua cochera deja de ser un volumen aparte y pasa a formar parte de la casa. Ese garaje integrado en la vivienda se convierte en una habitación de invitados y despacho, con baño propio. La pieza gana un uso doméstico claro y amplía las opciones de la planta baja sin forzar el resto de espacios. Para una casa que debía recibir visitas, esa decisión resuelve una necesidad concreta y evita depender de estancias residuales.
El cambio de función se percibe en cómo se encadenan las estancias. La vivienda no reserva un rincón aislado para dormir o trabajar, sino que integra ese uso en la lógica general de la transformación de vivienda. La habitación de invitados y despacho queda así vinculada a la nueva distribución, con un baño moderno cercano y una lectura más directa de la planta. Todo se apoya en la reorganización, no en el añadido de piezas sueltas.
Una fachada con lamas de cedro que afina el volumen
Por fuera, la casa abandona su imagen original y adopta una piel nueva. La fachada con lamas de cedro es el rasgo más visible: líneas horizontales y paños de madera que dibujan sombra sobre los huecos y suavizan la presencia del volumen. El contraste entre los marcos oscuros de las ventanas y el tono del cedro hace que la envolvente tenga más lectura, más capas. La casa ya no se presenta como un bloque cerrado, sino como un conjunto de planos y filtros.
La atención al detalle se nota en varios puntos de encuentro. La puerta de acceso está resuelta con precisión y la protección solar motorizada acompaña las lamas horizontales sin romper el orden de la fachada. Ese sombreado motorizado permite regular la entrada de luz y refuerza la idea de una envolvente que trabaja, no solo que cubre. La fachada con lamas de cedro no es un gesto ornamental; forma parte de la manera en que la casa filtra vistas, sol y privacidad.
La entrada, la sombra y el ritmo horizontal
La secuencia de acceso se entiende desde el exterior: umbral, plano de sombra y huecos profundos. Las lamas de cedro marcan una dirección horizontal que acompasa el volumen principal y da continuidad entre las diferentes partes de la casa. Esa repetición no busca llamar la atención por sí sola, sino ordenar la fachada y relacionarla con los grandes paños acristalados. El conjunto se lee como una reforma completa, no como una suma de retoques.
En las imágenes exteriores también aparece una terraza de madera junto al jardín, con líneas rectas y una transición directa hacia la zona verde. Esa relación entre tarima, vidrio y vegetación conecta la ampliación trasera con el uso cotidiano. La casa se abre al borde exterior sin perder control, gracias a la combinación de superficies claras, carpinterías oscuras y la piel de cedro que recoge la luz a distintas horas.
Arriba, una planta clara para dormir, trabajar y moverse
La planta superior se organiza alrededor de una gran meseta abierta a la vide del salón. Ese espacio de distribución, amplio y visible, articula los dormitorios sin convertir el piso en un pasillo largo. Allí se sitúan el dormitorio principal con baño contiguo, dos habitaciones infantiles y un baño infantil. La distribución es directa y responde a un uso familiar claro, con recorridos cortos y una lectura sencilla de cada estancia.
Desde abajo, la relación entre la vide y la planta superior da profundidad al interior. Desde arriba, la vista cae hacia el salón y recoge la altura completa de la estancia principal. Esa conexión visual es una de las claves de la reforma de casa de los años 60: la casa gana aire sin perder control del programa. La circulación se hace visible y el vacío central actúa como pieza de orientación dentro de la vivienda.
Materiales claros, contrastes precisos y un baño moderno
En el interior, los materiales trabajan sin competir entre sí. La escalera negra, las carpinterías oscuras y los pavimentos claros construyen un contraste que ayuda a leer el espacio. En el baño moderno aparecen también señales de ese mismo lenguaje: suelo en baldosas negras y un mueble de lavabo en acabado madera, con una cubeta blanca encima. No hay exceso de recursos; hay una elección precisa de superficies que soportan bien el uso diario y mantienen la claridad visual.
Las imágenes de interior muestran muebles empotrados, huecos abiertos y zonas de paso limpias. Ese orden no pretende neutralizar la casa, sino dejar que la nueva distribución se perciba con nitidez. La transformación de vivienda se reconoce en cómo se resuelven las transiciones entre estar, subir, guardar y pasar. Cada elemento, desde un nicho hasta una puerta acristalada, participa en esa lectura sin robar protagonismo al volumen principal.
La relación con el jardín se vuelve parte del proyecto
La casa no se limita a ganar metros hacia atrás. La ampliación trasera y las grandes superficies acristaladas acercan el interior al jardín, donde la madera del exterior y las zonas verdes aparecen como continuación del espacio habitable. Esa proximidad resulta importante en una parcela que mira al agua: la casa busca vistas amplias y al mismo tiempo una atmósfera más recogida dentro. El resultado es una secuencia de umbral, terraza y estancia que se entiende de un vistazo.
En conjunto, la reforma de casa de los años 60 cambia la vivienda en varios frentes a la vez: distribución, altura, uso del garaje y nueva piel exterior. Pero lo que hace que el proyecto se recuerde es cómo todo eso se ordena en una misma lectura. La vide del salón, la fachada con lamas de cedro y el garaje integrado en la vivienda no aparecen como piezas independientes. Funcionan como partes de una transformación de vivienda que vuelve más clara la casa, por dentro y por fuera.
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