Terraza en azotea con piscina y muro verde de privacidad
La terraza en azotea con piscina se lee desde lejos por el corte limpio de la lámina de agua y por el muro vegetal que la acompaña. La zona exterior se organiza alrededor de una piscina integrada en nicho, una superficie de madera sintética junto al borde y una secuencia de bancos, jardineras y paneles de vidrio que separan sin cerrar del todo. La escena cambia según la luz: de día dominan los tonos claros de la piedra y las jardineras blancas; al caer la tarde, los puntos de luz en suelo y pared dibujan otra capa sobre el conjunto.
Una piscina encajada entre piedra y madera
La pieza central es la piscina integrada en nicho, rematada con tarima de material compuesto y accesible por una pequeña escalera hecha con el mismo sistema de tablones. A un lado aparece un banco a medida en enlucido blanco con aspecto de estuco, colocado como apoyo directo del vaso. La proximidad entre el borde, el asiento y la pared de revestimiento de piedra hace que el agua quede contenida visualmente, casi como si estuviera excavada en el propio volumen del terraza en azotea con piscina. No hay artificio de más: el gesto consiste en encajar bien cada plano.
La pared que acompaña el vaso utiliza listones de piedra en un beige muy claro, con un relieve visible que cambia cuando la luz rasante toca la superficie. Entre esa pared y la zona verde se abrieron nichos de aluminio lacado, útiles para dejar toallas o pequeños objetos. Es un recurso discreto, pero ordena la escena junto al agua y evita que aparezcan piezas sueltas en el borde. En esta parte del proyecto, el revestimiento de piedra no actúa como fondo neutro; define la profundidad del nicho y marca el límite entre baño, descanso y vegetación.
El muro verde de privacidad como fondo de toda la escena
Detrás del vaso, el muro verde de privacidad concentra la vegetación en un plano denso que resuelve la falta de espacio para plantar en superficie. Helechos perennes y gramíneas ocupan jardineras de aluminio blancas y repiten una gama de verdes que suaviza las líneas rectas del pavimento. La pared vegetal no se limita a ocultar vistas; también ordena la longitud del terraceo y hace que la piscina quede más recogida entre los laterales. Desde el interior, ese fondo vegetal se convierte en una imagen fija, visible a través de los grandes paños acristalados.
La presencia del agua no se entiende sola; va ligada a la vegetación y a la manera en que ambas piezas comparten el mismo borde. La pared verde incorpora un sistema de riego, mientras que la zona técnica de la piscina queda escondida en un armario situado tras ese mismo plano. Ese armario ofrece un almacenamiento práctico para cojines y herramientas de jardín, de modo que el perímetro junto a la piscina se mantiene libre de elementos sueltos. El resultado es una lectura muy clara: delante, agua y asiento; detrás, vegetación, instalación y reserva.
Cubierta con lamas y vidrio para alargar el uso del espacio
La cubierta con lamas ya existía y se abre o se cierra según convenga. Bajo esa estructura, la terraza mezcla tablones, baldosas cerámicas de gran formato colocadas sobre soportes especiales para cubierta y zonas de beach pebbles que rompen la continuidad del pavimento. El cambio de texturas no busca efecto decorativo por sí mismo; sirve para separar recorridos, apoyos y franjas de uso. Al mismo tiempo, el cerramiento de vidrio mantiene la conexión visual con el interior y deja que la luz entre sin perder la sensación de recinto.
Ese cerramiento de vidrio también permite que la terraza siga funcionando en distintas estaciones. La franja junto a la piscina puede cerrarse con correderas, de modo que el baño no depende por completo del clima del exterior. En la práctica, el espacio gana una segunda vida cuando el aire baja de temperatura o cuando cae la tarde y las superficies se oscurecen. Los vidrios altos, las lamas horizontales y los paños de piedra generan una envolvente que protege sin borrar el carácter abierto de la azotea.
Un tránsito continuo entre dentro y fuera
La conexión con el interior se percibe en la escala de los huecos y en la transparencia de las carpinterías. Las grandes superficies acristaladas dejan ver la terraza desde dentro y, a la vez, encuadran el muro vegetal y la lámina de agua como si fueran parte del mobiliario de la vivienda. No se trata solo de ampliar la vista. El proyecto trabaja la transición entre el suelo interior y el exterior con la misma lógica de orden: líneas rectas, cambios suaves de material y una lectura muy controlada del borde.
Luz baja, reflejos y uso al final del día
Cuando cae la luz, la iluminación nocturna toma el relevo y se reparte por el suelo, los nichos y la plantación. Los puntos de luz no compiten con la escena; se quedan cerca de la superficie y dibujan un recorrido bajo, suficiente para leer la geometría del conjunto. Sobre la piedra clara aparecen sombras pequeñas y sobre la tarima de composite, reflejos más suaves. La piscina, entonces, pierde su condición de pieza aislada y se integra en una secuencia más amplia de planos encendidos y zonas en penumbra.
La zona lounge junto a la piscina se resuelve con un banco largo y cojines apoyados sobre la propia línea del vaso. Es un mueble que mira hacia el agua y hacia la vista exterior al mismo tiempo. Desde ahí, el espacio se entiende por capas: la tarima, la piscina, la franja vegetal y, más allá, la ciudad. La terraza en azotea con piscina no necesita añadir más gestos para funcionar; el valor está en cómo encadena la plataforma, el asiento y el cerramiento, dejando que cada material ocupe su sitio.
Materiales que ordenan la terraza
Los materiales se alternan con una lógica muy legible. La tarima de material compuesto aporta continuidad en el área de baño, las baldosas cerámicas de gran formato refuerzan las zonas de paso y las beach pebbles alivian la dureza del trazado. Frente a ellos, el blanco de las jardineras y del banco a medida devuelve luz y ayuda a que la vegetación destaque. El conjunto no depende de adornos; son las juntas, los cambios de nivel y el encuentro entre agua, piedra y vidrio los que construyen la escena.
Mirada desde cualquier ángulo, la terraza mantiene una tensión agradable entre recogimiento y apertura. La piscina queda encajada, la vegetación la envuelve y el vidrio permite seguir viendo el interior. A la vez, la cubierta con lamas filtra el cielo y hace que el espacio pueda pasar de abierto a contenido sin perder claridad. Esa doble lectura —mirador urbano y refugio junto al agua— es lo que define este proyecto y lo que da sentido a cada elección material.
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